Si existe un jugador del Sevilla que represente peligro para un contrario ese es Carlos Bacca, y necesariamente no se piensa en cómo pararle, sino en llegar a tiempo para alcanzarlo. Generalmente saca ventaja. Bacca posee potencia para pelear entre defensores y salir victorioso, pero más allá de los enfrentamientos que siempre tiene, su mayor habilidad ante los grandes es moverse.

Bacca estando de cara a sus compañeros le da sentido al ataque

La movilidad de Bacca activa a sus compañeros. Carlos juega de espalda y descarga vertical u horizontalmente, dependiendo de la dirección que él desea llevar, y sale disparado al espacio vacío que obliga dejar. Piqué sufrió los desmarques constantes del colombiano. Carlos le sacaba de su posición para que fuese aprovechado por Vitolo, pero Víctor Machín no tuvo la mejor noche y no pasó cuenta de cobro por cada salida y hueco que dejó Gerard.

Carlos no estuvo finísimo, pero aportó peligro a los ataques de su equipo

La puntería de Bacca ante Barcelona no estuvo nada acertada, las opciones más claras que tuvo su equipo en la primera mitad nacieron y acabaron en sus botas. No tuvo oportunidad de marcar e igualar el marcador en la primera parte. Sin embargo, Carlos fue vital para desordenar la defensa culé que pocas opciones brindó en un primer tercio de partido que dominaron a placer. Barça se hizo con la pelota y se ordenó con ella, dándole pocas opciones a Sevilla de salir a la contra, pero los balones en largo lanzados a Bacca eran oxígeno ante la presión asfixiante de Barcelona. A través de protecciones y controles, Carlos ordenó a su equipo y desordenó al rival.

4 comments

  1. Tengo la sensación de que este Bacca está más dulce con sus movimientos para habilitar espacios a los mediapuntas, apoyos entre líneas y desmarques constantes. El punto es que se le valora menos, simplemente, porque Gameiro, su competencia por el lugar de centrodelantero, está en un estado de gracia que rosó en el Lorient, su mejor performance como futbolista para ir al PSG. Kevin tiene detalles similares, excepto la habilitación de espacios, pero técnicamente es más vistoso que Carlos. Sin embargo, pese al gol del francés para el 2-2, la noche de Piqué estaba siendo larguísima con el colombiano en esa zona, pero el Sevilla, en esa segunda mitad que logró el empate, no lo acompañó; Banega con su habitual intermitencia y Vitolo certificando uno de sus peores partidos como sevillista.

  2. Sí, lo de Gameiro es volver al pasado pero estando en un mejor presente. Viene marcando goles e importantes para las aspiraciones de un Sevilla que está siendo bastante regular esta temporada. La gran pregunta es ¿por qué no dejarles juntos? Me parece que podría existir un gran complemento entre Bacca y Kevin. Esto le daría más forma a los ataques de su equipo. Creo que debería realizarse el ensayo en un momento en que los dos se encuentran bastante bien y puede ser este.

  3. Pero sería rescindir de la mediapunta y de dos variantes para pisar campo rival. Por una parte, el juego directo con Iborra; por otra, los lanzamientos de Banega. Iborra está intratable en el rol de Fellaini; cazando todo lo que venga por arriba, activa a los llegadores/mediocentros de cara o, simplemente, protege y permite desplegar, pero casi no lo realiza, porque Vicente suma continuaciones. Banega es distinto. Muy distinto. El argentino conduce, se saca rivales y decide con cabeza. Manejando la vara y los niveles, es el termómetro. No sé hasta qué punto llegaría a prescindir Unai Emery de su mediapunta. No lo veo opcional, ni mucho menos.

  4. Se habla poco de lo que es la excentricidad de Carlos Bacca. En el mejor de los sentidos. Es de esos futbolistas que depende poco de contexto para generar sensaciones de oportunidad, de que ‘algo’ puede suceder -quizá más por determinación que por cualquier otra cosa-. Para el equipo es importantísimo. Creo que en algún punto Emery llegó a pensar que los dotes de Vitolo y Aleix le permitirían sacrificar la habilidad en espacio de Carlos Arturo a favor de la gran técnica de Gameiro; pero acabó dando se cuenta de que la excentricidad del porteño era indispensable.

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