Se dice que un deportista es bueno cuando es capaz de una cierta fortaleza mental. Pasa en el boxeo. El buen luchador se impone a las intimidaciones del ring. Entonces sobrelleva golpes, su mente se rehúsa a doblegar y responde las irreverencias recibidas. Pero Santa Fe, como un todo que lucha, es un mal boxeador. Anoche, Mineiro golpeó primero y, como ha pasado en lo que va de temporada, Santa Fe no pudo reponerse. El de Mineiro no fue cualquier golpe, fue el golpe más agudo. A Santa Fe lo golpearon en su pómulo roto, en la herida que se abre más con el pasar de los partidos: a Santa Fe le cuesta montones ordenarse en ataque y Mineiro no le perdonó.

Santa Fe no supo darle sentido a la posesión

El primer fallo en ataque ocurrió a los 13 minutos. Daniel Torres eligió mal la ruta de salida, Darío Rodríguez quedó indefenso y Carlos Carvalho los castigó. Santa Fe, llamado a responder, lucía manso. Pocas recepciones entre líneas, pocas secuencias de pases, poca profundidad. Poco ataque organizado. Claro, parecerá injusto juzgar a Santa Fe por no destacar en una materia que no le interesa. El ataque organizado se delega al rival; el equipo de Costas contraataca. Lo cierto es que Santa Fe padece más de lo debido cuando de remontar se trata. Urge la dignidad del buen boxeador para responder los golpes. Urge un Kid Pambelé.

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