Se viene ratificando en la Liga Águila que la superioridad en el ritmo es un factor fuertemente diferencial. Ritmo en la circulación e intensidad en la presión en una sagrada zona. Cali y Nacional, por ejemplo. Sin embargo, en el Torneo Águila, a lo que se refiere la segunda categoría del fútbol colombiano, hay un equipo que es drásticamente superior para mover la pelota, atacar los espacios y correr hacia atrás: Atlético Bucaramanga.

Jhon Pérez es el jugador más desequilibrante y técnico de la categoría

En el Alfonso López, en el mejor partido de la 6ª jornada, enfrentaba a leopardos y ex-Rionegro. Sí, hoy Leones de Urabá. Líder y escolta, respectivamente. A lo que indica ya el partido, Leones trató de igualar en intensidad al Bucaramanga, pero le fue imposible. El 4-2-3-1 no consiguió cerrar del todo las líneas de pase auriverdes, ya que evidencia una mediapuntitis crónica. Pese a los primeros minutos, donde el local se vio en momentos grises, no tardó en llegar el gol. El gol que siempre logra Jhon Pérez. Error en la salida de Leones, recuperación local, conexión Cataño-Pérez y derechazo infalible del segundo. A partir del gol, el partido se volcó búcaro y Leones perdió. Sin plan A favorable, el improvisado, el plan B, el típico, era nulamente competitivo; entonces pasó al plan C: la nada, la confusión.

Amaya se adaptó de ‘falso 9’, ahora Rojas

Bucaramanga se organizó, luego del 1-0, en un 4-2-4-0. El hipotético ‘9’, el vértice superior, Pablo Rojas, retrocedió a la misma línea de Mosquera, Cataño y Pérez. En la salida con balón de Leones, dependiente de Moya y Muriel, no habían quién superase el poblado centro del campo del Bucaramanga. El tiempo aumentó y Leones montó su línea defensiva cerca del círculo central y desdibujó el 4-2-3-1 inicial por un 4-3-3. Así, con esta sobrepoblación en la medular, Leones no tenía opciones de regate y desborde ante Sierra y Giraldo, dos mediocentros puros. Luis es el oxígeno de sus laterales por su ocupación lateral; por otra parte, Carlos en robar más cerca de portería rival que de portería propia. Álvaro Hernández llevó el juego a 60 metros y se definió por defender a campo abierto, donde no tardó en llegar la punzada final.

Centrocampismo marcado y, en absoluto, el leopardo se hizo con el partido y su escenario perfecto para activar su mejor arma al espacio: Luis Aníbal Mosquera. Tanto el 2-0 como el 3-0, ambos de Mosquera, llegaron de contraataque. Rojas marcó rupturas largas, idénticas a las de hace exactamente una semana ante Fortaleza, con un dote táctico: detectar el lado débil de las defensas rivales: espalda de los marcados centrales, sin cintura para recuperarse y zancada para alcanzarlo. 1-0, el golpe; 2-0, la herida; 3-0, la muerte.

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