La derrota ante el Barcelona por Copa Libertadores causó mella. Atlético Nacional domina desde hace varios años el fútbol colombiano basado en una superioridad táctica marcada por un ritmo tan alto para lo que es el rentado nacional que ningún equipo lo puede alcanzar. Cuando Nacional prende la máquina, los contrarios tienen que luchar con la inferioridad. Ayer ante el Cali algo de eso se vio, Nacional jugaba muy rápido, tomaba decisiones a una velocidad que su rival no podía leer, a la que no se lograba adaptar, pero había algo extraño: Nacional no se tenía confianza con balón. Jugaban rápido, pero no tomaban decisiones con pelota que causaran daño. El Cali sobrevivió.

Nacional tiene ventaja sistemática en el fútbol colombiano

Nacional salió al campo con un 3-3-1-3 ya característico, mientras que el Cali volvió a abrir a Candelo y Mendieta en las bandas, ajustado en un 4-2-2-2 que se volvía 4-3-1-2 cuando el equipo defendía. No jugaba Andrés Pérez ni tampoco Quintero, los dos futbolistas que mejor sacan el balón desde atrás en el equipo azucarero, y eso marcó la primera parte del juego. El Cali, que es un equipo bastante lento, estaba entumecido por la velocidad con la que Nacional ocupaba los espacios en transición defensiva y no lograba salir de su campo. Candelo, que es el jugador más creativo del equipo, decidió entonces bajar a su propio campo para lanzar los ataques. Esa decisión, aunque le permitió al Cali escapar un par de veces de la presión verdolaga, significó que no había nadie que recibiera a espaldas del mediocampo de Nacional. Helibelton Palacios leyó el problema y comenzó a tirar rupturas larguísimas para recibir por detrás del carrilero izquierdo de Nacional. La conexión Candelo-Palacios sirvió para que el Cali recuperara confianza: había escapatoria; sin embargo, su impacto futbolístico fue poco. Nacional seguía teniendo ventaja basado en un movimiento arriesgado, pero que funcionaba: uno de los tres centrales daba un paso hacia adelante y se posesionaba a modo de puente entre defensa y mediocampo, casi como un mediocentro, generando una superioridad por dentro que, junto con la decisión de Yerson de retroceder su posición, formaba un bloque que el Cali nunca logró superar.

Entonces apareció Rafael Santos Borré. El delantero costeño tiene una capacidad única para detectar las zonas débiles de los sistemas defensivos y los ataca con veneno. Una vez entendió que Nacional despoblaba la zaga para sumar en mediocampo, y que la espalda de los carrileros era un un jardín, Borré comenzó a tirar diagonales hacia las zonas deshabitadas, a mover la defensa y a mostrarle a los suyos cuál era el camino. Fue tan determinante su juego sin pelota que creó ocasiones de gol y obligó a Nacional a desactivar su movimiento puente para tener más efectivos contra Borré. La superioridad de Nacional se diluyó, la confianza del Cali aumentó y Borré se aprovechó de eso. Comenzó a combinar rupturas con apoyos muy largos en zona de mediapuntas y ayudó a su equipo a transitar. El gol tardó poco en llegar.

Borré metió a los suyos en el partido

La segunda parte fue algo distinta. Osorio optó por bajar el ritmo para ganar más seguridad en el pase y así detener el fútbol del Cali. La decisión le funcionó y con la entrada de Sebastián Pérez, a quien no le fluye el fútbol, pero sí tiene técnica y personalidad para sumar con balón, Nacional se hizo con el balón, pero no creó ocasiones de verdad. En el momento más alto, logró meter al Cali contra su portería, pero le faltó calidad en los últimos toques. Castro, enfurecido, ordenó a lanzar la línea defensiva y lo de Nacional se acabó. La tentación de lanzar a espaldas de la defensa oscureció la visión del equipo y comenzaron a jugar en modo catapulta: verticalizar y verticalizar sin sentido. El Cali aprovechó para contraatacar y marcó dos goles más. Victoria muy merecida.

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