Los centrales de Atlético Mineiro no corrieron riesgos en Bogotá. Una vez advirtieron el peligro de defender a Morelo y Quiñones lejos de su área, Jemerson y Edcarlos retrocedieron mucho, secundados por su equipo, y empezó la pesadilla de Santa Fe.

El acto de prudencia fue una gran notica para Mineiro en general, pues Morelo y Quiñones estaban siendo controlados. Todos estaban a gusto, a excepción de Sherman Cárdenas. El colombiano se le vio bastante cómodo en los primeros minutos juntándose con Carlos y Douglas por la banda. El olfato cazador de Cárdenas había elegido a Anchico como su víctima y todo apuntaba a que tendría una de esas noches espléndidas liderando desbordes por la banda. Pero Mineiro replegó y sin nadie con quién asociarse, Sherman Cárdenas se vino al piso.

Santa Fe se ve más cómodo contraatacando que teniendo la iniciativa

Así las cosas, Santa Fe tendría el balón por voluntad de Mineiro. Visto lo visto, el escenario fue el peor. Santa Fe con el balón y sin metros que correr es el peor Santa Fe. La densidad de Mineiro atrás no favoreció el menor desmarque de Morelo y Quiñones. Si el balón les llegaba, no era al espacio, tal como gustan. El argumento ofensivo fue delegado a Anchico, que levantaba centros sin dirección buscando a un Luis Páez que aún no había ingresado al terreno de juego. Mineiro devino en una fortaleza que sólo cedía una ventaja: los centros al área, los que Santa Fe poco sabe concretar.

Al final, Levir Culpi planteó el partido que Gustavo Costas hubiera soñado. Mineiro no cedió espacios atrás, Lucas Pratto llenó de ventajas a su equipo gracias a los contraataques que generaban sus recepciones y, con un cabezazo luego de un cobro de esquina, se llevó los 3 puntos de Bogotá. Santa Fe parece haber encontrado a su némesis: su clon. Su propio yo.

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