A sus 33 años, Ómar Sebastián Pérez ha sabido reinventarse. Su forma de juego actual minimiza sus defectos y acentúa sus virtudes. Como si su carrera fuera poca cosa, Omar Pérez promete todavía más fútbol.

El cimiento sobre el cual se alza su reinvención no es otro que sus pases largos. En lo que va de temporada, el argentino ha mostrado una evolución notable en dicho aspecto. Ahora sus lanzamientos lejanos tienen potencia y altura: dos cualidades que le eran esquivas desde que aterrizó en Bogotá. Sobre todo ésta última, reflejada en tantos tiros libres estrellados contra la barrera. Sus días de envíos frágiles y de escasa altura han quedado en el pasado.

Los pases de Pérez entre líneas y a la espalda de la defensa están en su mejor versión

Que Omar Pérez haya devenido en un lanzador preciso a distancia significa que puede influir desde lejos, siendo posible que se limite a jugar en el círculo central. Significa que puede ahorrarse los recorridos hasta la frontal del área que debía hacer antes si quería ser determinante. Significa que, el derroche físico que le cobran sus rodillas al final de cada temporada, lo ha sabido reducir al mínimo.

La evolución del 10 no es sólo una victoria individual. El colectivo también se ve beneficiado. Jugadores como Quiñones, Morelo y Arias -que suelen desmarcarse a menudo- tienen más chances de recibir el balón. Además, los lanzamientos lejanos de Pérez, por definición, no pueden resultar contraproducentes en caso de fallo. Si la defensa rival ha de interceptar sus pases, el balón se hallará lejos de Róbinson Zapata. En caso de que el rival opte por rechazar el balón, Arias, Roa y Torres suelen ubicarse correctamente en la zona de rebotes para recuperar el cuero. En caso de que el rival elija salir jugando, la actitud agresiva de Morelo y Quiñones les resultará incómoda. De cualquier forma, Santa Fe está en capacidad para reiniciar sus ataques en un corto lapso de tiempo.

Por estos días, Omar Pérez logra influir en su equipo desde una zona reducida y lejana. El argentino no repara en distancias ni exige mayor espacio. Desde el círculo central, una superficie que por radio no tiene más de 9 metros, establece su centro de operaciones. Ahí necesita estar el 10. Ahí lo necesita Santa Fe.

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