El fútbol colombiano tiene estas cosas. Es un fútbol que se presta para las exhibiciones de jóvenes maravillosos. La lista de niños que se convierten en hombres un día cualquiera es relativamente larga. En el Cali, que desde hace unos años es un equipo de niños cuidados por un par de espartanos, Andrés Pérez y alguno más, saben de qué va esto. Las galopadas y los goles de Muriel todavía retumban con eco en la mirada del hincha nostálgico. Lo de Borré es más mágico. Tiene el cuerpo de un adolescente y la cabeza de un veterano, casi como si fuese un Peter Pan reverso en la película Hook. Ayer fue el día en que Borré dejó de ser promesa y se convirtió en estrella de la liga. El partido… a continuación.

Borré se consagró con un hat-trick espectacular

Empezó el partido muy temprano. Millonarios marcó a los dos minutos, pero el gol tuvo cero influencia en el desarrollo del juego. El equipo de Lunari había planteado el partido desde un 3-4-1-2 con Insúa detrás de los puntas y por delante de la línea de cuatro mediocampistas. La idea era presionar muy arriba y aprovecharse de la lentitud crónica del Cali. Los de Castro cambiaron un poco el plan de los partidos anteriores. ‘Pecoso’ había estado insistiendo con un rombo que coronaba Candelo, pero el espectacular extremo del Cali no terminaba de afianzarse. Ayer, con un doble cinco detrás y con más libertad para ir a la banda, Candelo pudo tener influencia interna que su entrenador quiere y así generó el mejor fútbol del primer tiempo. La presión de Millonarios era alta y relativamente organizada, pero era fácilmente superada por la aparición de Candelo entre líneas. Candelo metía al Cali en campo contrario e inclinaba el mismo hacia portería azul. Borré y Palacios fueron los otros argumentos que sirvieron para que Cali superara el escenario táctico que planteaba Lunari. El primero desde desmarques de apoyo de mucha calidad y el segundo desde carreras potentísimas por banda.

Para hacer frente a esa situación, y aprovechando la coyuntura de la lesión de Henríquez, Lunari ingresó a Mosquera y cambió el dibujo del equipo, pasando a defender con cuatro atrás. La figura iba encaminada a evitar las salidas de los centrales a banda derecha, donde influían los tres mejores del Cali en la primera etapa, que dejaban descuidado el centro de la zaga. Ahí fue cuando empezó la verdadera exhibición de Borré, siendo el epicentro de la transición y la fase ofensiva de su equipo combinando desmarques de apoyo y de ruptura según la situación. Eso a nivel táctico. Luego vino la parte técnica. Cuando marcó el segundo de sus tres goles, Borré se infló de confianza y comenzó a dejar taconazos, controles y pases de paladar negro. Fútbol de quilates y mucha sapiencia, hay que decir. Su juego es de niño en lo visual, pero parece de jugador mayor en el fondo de sus intervenciones. Figurón.

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