Tolima y Millonarios se enfrentaron en el Manuel Murillo Toro y dejaron un partido que sirvió para medir el potencial de ambos equipos cuando se han jugado pocas fechas de esta Liga Águila. Los de Lunari, que contaban sus choques ligueros por victorias, visitaban Ibagué con el propósito de mantener la línea o de, incluso, mejorar. No se antojaba nada fácil para los azules ante un equipo con tantos recursos como el de Alberto Gamero. Los locales, incluso con diez jugadores, superaron ampliamente a sus contrincantes durante buena parte del compromiso. El conjunto vinotinto y oro sale reforzado de este envite, y Millonarios se marcha con la constancia de que debe mejorar para enfrentar situaciones más complejas que las que había tenido que encarar hasta ahora.

Lunari alineó a sus habituales, los cuales vienen siendo Ochoa y Machado de laterales; Henríquez y Torres en el centro de la zaga; Fabián Vargas de mediocentro con Silva cerca; Reina con mucha libertad, e Insúa de mediapunta, sin trabajo defensivo. Arriba, Agudelo y Uribe. Gamero, por su parte, salió con Obando, Quiñones, Monsalve y Banguero; Barrios, Rivas, Delgado, Figueredo, Ibargüen; y de 9 Robín Ramírez. Un 4-2-3-1 de manual.

El ritmo favoreció más al Tolima que a Millonarios

Al pitido inicial lo siguió de manera automática un ritmo altísimo. Millonarios metió mucha gente en campo contrario, buscando presionar la salida de los pijaos y forzar el error. En un primer momento, los bogotanos lograron su cometido. Uribe, Agudelo, Reina y Silva mordían mucho para obligar al rival a dividir la posesión. Lunari ha logrado instalar con éxito ese chip en sus jugadores. El Tolima se veía muy exigido. Para poder salir con claridad, debía ejecutar a alta velocidad y con mucha precisión, que igual es capaz de hacerlo. Así arrancó el encuentro. Pasados los ocho minutos, el juez ya había sacado tres veces su cartulina amarilla y el Tolima había logrado salir con precisión en dos oportunidades. El panorama se tornaba interesante.

El plan embajador empezó a desmoronarse por el mal partido sin pelota de Fabián Vargas y la imprecisión y poca movilidad de Insúa. Vargas, como mediocentro de un equipo con la idea de Ricardo Lunari, debe ser siempre una opción de pase seguro y debe garantizar optimizar las jugadas. Hoy no fue eso. Los apoyos ofrecidos por el ex-Boca Juniors no eran los mejores. Su orientación corporal no fue la adecuada en muchos momentos, y además se movía muy lento. Unos metros más arriba por el carril central estaba Insúa, que tampoco ofreció el máximo de sí a quienes estaban detrás de él. Millonarios no lograba hilvanar 5 pases seguidos en campo contrario a pesar de presionar bien arriba, en buena parte por lo dicho anteriormente, y porque el Tolima realizaba un trabajo impecable en defensa posicional.

A los 20 minutos, Millonarios ya estaba en la cuerda floja. La intensidad de su presión dejó de ser la del inicio, y el Tolima estaba más cómodo para salir. En ese contexto, Ibarguen, Delgado y Obando se pusieron las botas. Sobre todo los dos últimos, que por el costado derecho provocaron muchos sustos a los azules porque Déiver Machado era el lateral ofensivo visitante. El gol local habría llegado más rápido si a los 28’ no hubiese sido expulsado Avimiled Rivas. Eso supuso un bajón general de ritmo que se prolongó hasta los 40’, cuando el Tolima inició a demostrar que con uno menos igual dominaba el discurso del enfrentamiento.

Gamero optó por replegar y dar espacio a Vargas

El segundo tiempo siguió la línea del primero. La colocación de los centrocampistas embajadores les dejaba fuera de la jugada en transición defensiva. El Tolima jugaba a placer por los desmarques de sus jugadores exteriores. Así fue que llegó el penalti que convirtió Robin Ramírez. Con el 1-0 y en inferioridad numérica, Gamero ordenó replegar cerca de su portero. Eso le dio más espacio a Fabián Vargas, que dejó de verse superado, pero acentuó el mal rendimiento de Insúa, que tuvo menos tiempo para maniobrar.

Estaba más cerca el 2-0 que el 1-1 cuando entró Máyer Candelo por el Pocho y dio opciones reales a los suyos. El caleño, mucho más móvil que Insúa, se ofreció como alternativa de pase entre líneas, y eso hizo que Millonarios subiera la altura de su posesión, aparte de que el golpeo del 10 es mejor. Las tablas estuvieron a muy poco de llegar, pero la inoportuna pasividad rematadora de Maxi Núñez evitó el reparto de puntos.

El choque terminó y el Tolima dejó certezas de que es un equipo hecho, con una variedad de registros admirable. Habrá que seguirlo con asiduidad. Millonarios, que iba a confirmar sensaciones, sale convencido de que habrá que mejorar. Lunari tiene más trabajo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *