Esta semana nos asombraba aquel equipo en Guadalajara en que el primero en defender era Wilson Morelo. El equipo en el que todos defienden empezó con pie derecho en la Copa Libertadores. Por su parte, el equipo destinado a competir en el torneo local está lejos de ser la viva réplica del primer equipo, tal como quisiera Costas.

En el torneo local hemos visto un equipo con una división del trabajo bastante rígida: unos atacan, otros defienden. Así, sin matices. La vocación ofensiva de unos no contempla solidaridad defensiva alguna. Tal es el caso de Quiñones, Páez, Rivera y Rodríguez. Por otro lado, hay quienes defienden muy bien físicamente, pero no tienen pie para aportar en ataque. Villarraga, Arrechea y Mina son ejemplo de ello. Y mientras unos se vuelcan al ataque y otros se dedican a defender, el mediocampo, lugar donde se confunden ambos oficios, desaparece. Todos ignoran que su actitud en el campo contribuye al desvanecimiento del mediocampo. Todos menos uno.

El único que está presente en todas las fases del juego es Baldomero Perlaza. En defensa corre muy bien hacia atrás y se posiciona a tiempo para cortar los ataques rivales. En ataque es sorprendente. Sus pases exteriores logran estimular la salida de los laterales y, cuando el equipo se queda estático, se atreve a adelantarse para ofrecerse entre líneas. Sorprendente si se tiene en cuenta que es un volante de primera línea responsable de sostener al equipo. Sorprendente porque va de área a área participando en todo y enseñando a transitar.

Por circunstancias del juego, Perlaza ha llegado a ser un todocampista

Hay veces que Santa Fe pasa del día a la noche ignorando el atardecer. Hay veces que Santa Fe pasa de la noche al día olvidando la madrugada. Es entonces que Baldomero Perlaza parece Cronos, recordándonos que hay un tiempo para todo.

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