El 4-4-1-1 que Santa Fe presentó en su debut de Copa Libertadores fue una declaración de intenciones: los de Costas no se opondrían a la salida de balón de Atlas. Los de Guadalajara tendrían una relativa facilidad para iniciar las jugadas. Sus problemas llegarían en el momento en que Medina, mediocentro rojinegro, arribara a la medular. Porque allí Santa Fe libera a las hienas.

La situación para Medina y Rodríguez, generadores del juego de Atlas, nunca fue fácil. Apenas cruzaban el mediocampo, sus opciones decrecían. La labor de Arias, Roa, Salazar y Seijas achicando espacios y cortando líneas de pase parecía incansable. Sumado a esto, la defensa corrigiendo la menor filtración no deja lugar a dudas de que en Guadalajara, Santa Fe mostró, defensivamente, los mejores 45 minutos de la era Costas. Y aunque Atlas se empezaba a ilusionar con los desmarques hacia atrás de Keno como posibilidad entre líneas, Arias no tardó en contrarrestarlo retrasando 10 metros su posición. Santa Fe le robó a Atlas hasta el césped que correr. Como las hienas.

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Y cuando Costas se atrevió a arriesgar, las cosas empeoraron para los locales. Sin Seijas en cancha, Atlas adelantó sus líneas, lo cual significó un mayor espacio para los lanzamientos de Omar Pérez a espalda de la defensa. El argentino se apropió del balón y del partido. Por su parte, Luis Quiñones y Wilson Morelo esperaban por el anhelado lanzamiento. Pacientes, pero mostrando los dientes siempre. Como las hienas.

Al final, de 2 tiros al arco en el segundo tiempo, Santa Fe convirtió un gol. Así es el equipo de Costas: saca provecho de la menor ocasión. Oportunista. Como las hienas.

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