La prensa había reaccionado de forma sorprendente a la victoria sobre el Vélez Sarsfield, pero también la hinchada. Tenemos constancia, a través de escritos de Santiago Pardo, de que el estadio de “El Campín” se había llenado y de que esto no era algo tan frecuente. El público además se había mostrado apasionado no solo por la victoria, si no también por el juego exhibido. Luego la prensa ayudaría a expandir el efecto dándole por primera vez la portada al deporte rey e incluyendo incluso una fotografía del evento. Apenas 7 meses después de este partido, el 15 de agosto de 1948, se daba inicio al primer campeonato profesional colombiano.

No obstante, conviene precisar que si el éxito de aquel triunfo se pudo explotar con tanta diligencia, fue gracias a que ya existía un sustrato importante de actividad dirigencial que pretendía, desde hacía tiempo, profesionalizar el fútbol colombiano. Este movimiento se venía produciendo desde los años treinta y era conocido como “fútbol marrón”. Los gobiernos liberales habían aportado durante aquellos años la inversión pública en la infraestructura necesaria para generar espacios deportivos adecuados. Algo fundamental, puesto que a principio de esa década, Colombia era uno de los países sudamericanos con menor infraestructura para la práctica del fútbol. Este factor, sumado al aislamiento deportivo que había practicado el fútbol colombiano respecto al del resto del continente, había dificultado el desarrollo técnico de sus futbolistas, en relación al grueso de sus homólogos latinoamericanos. Debido a esto, cuando se dio inicio en 1929 a los partidos contra escuadras internacionales [1], se produjeron abultadas derrotas que hirieron la sensibilidad patriótica colombiana.

El fútbol colombiano estaba rezagado con respecto al de otros países sudamericanos

El veterano periódico “El Tiempo“, en su edición del 2 de enero 1930, consideraba esas derrotas un producto del amateurismo, achacando los resultados a falta de organización, de tiempo de entrenamiento y a una actitud excesivamente distendida. A modo de respuesta a esta percepción se dio inicio al patrocinio de los equipos, buscando que el jugador pudiese dedicarse a tiempo completo al deporte. Por su parte los clubes empezaron a cobrar por las entradas, procurando financiar lo que la opinión pública parecía demandar: Un fútbol competitivo.

Por estas fechas encontramos también un precedente directo del “pedernerismo”, en cuanto a importar una celebridad rioplatense a modo de líder de la revolución. Colombia organizó en 1938 los primeros “Juegos Bolivarianos” y aunque las expectativas futbolísticas no eran buenas se contrató como técnico al argentino Fernando Paternoster, quien había sido un célebre back o defensa de área internacional, motivo por el cual se había ganado el apodo de “El Marqués de Avellaneda” [2].

Paternoster fue el primer entrenador extranjero de la Selección Colombia

El fútbol había absorbido más de la tercera parte del presupuesto global destinado a los juegos, lo que suponía unos 30.000 pesos, pero aun así se cumplieron los peores pronósticos y Colombia perdió tres de los cuatro partidos que disputó. Sin embargo, según las crónicas, el público bogotano había llenado las gradas durante los Juegos, lo que animó a que el fútbol colombiano iniciase una nueva fase. Se empezaron a importar futbolistas con la doble intención de mejorar la calidad del espectáculo y poder así aumentar los ingresos por taquilla. El equipo que comenzó a aplicar esta política fue el Deportivo Municipal, amparado en el soporte económico que le brindó primero la alcaldía del municipio y posteriormente el recién incorporado (1939) dirigente Alberto Lega.

Así llegaron los cinco primeros futbolistas argentinos al equipo: Oscar Sabransky, Antonio Ruiz Díaz, Vicente Lucífero, Luis Timón y Alfredo Cuezzo. Lo que provocó que el diario “El Tiempo” publicase una nota muy crítica en la que tildaba a los municipalistas de “millonarios”. Sin saberlo, el periodista Luis Camacho Montoya, estaba bautizando al equipo. También el color azul de la equipación data de esta época y es de origen argenta. Según contó Nacho Izquierdo, se tomó como modelo una portada de la revista “El Gráfico” que lucía a un jugador de Tigre. Si bien el uniforme de Tigre es azul con ribetes rojos, el historiador Juan Manuel Uribe Londoño asume que seguramente se apostó exclusivamente por el color que representaba al partido conservador.

El 18 de junio de 1946 fue constituido legalmente como socieadad el Club Deportivo Los Millonarios

Las causas de esta predilección por los jugadores argentinos la podemos rastrear en la admiración que producían los éxitos internacionales de las dos orillas del Río de la Plata. La revista bogotana “El Gráfico”, en una edición correspondiente a 1928, habla con sana envidia de como “los pabellones del Uruguay y la Argentina” habían flotado “con las ondulaciones del triunfo en el palenque cosmopolita”, refiriéndose de tan ampuloso modo a la final de los juegos olímpicos de Ámsterdam que ambas habían disputado. Cuando llegó el turno de justificar la ausencia colombiana, el redactor argumentó que “nuestro país asimila de manera tardía los sistemas implantados en los Estados de alta civilización”. Algo que el periodista Pino Calad vincula al espíritu etnicista de la época. Según esta perspectiva, el gobierno colombiano habría incentivado la práctica del deporte como una vía de “mejoramiento de la raza y refuerzo de la identidad nacional”, lo que Pino vincula a las simpatías que inspiraba en aquel momento histórico el nacionalsocialismo alemán, si bien otros autores aluden a un subtexto menos escabroso. Por ejemplo Daniel Fernando Polanía, Comunicador Social y Magíster en Historia, definió el uso del fútbol en Colombia de “herramienta civilizatoria”, diferenciando el acercamiento del espectador de las primeras décadas del siglo XX como algo muy distinto al modelo de aficionado actual. Resulta clarificador el ejemplo que aporta en base a unas declaraciones de 1940 de un futbolista argentino, Luis Timón, que definía al público colombiano de “amable” para con su equipo y con el adversario, y al país cafetero de “paraíso para practicar este deporte”. Según Fernando Polanía la reunión en la cancha extrapolaba las dinámicas de la misa dominical, así que los feligreses acudían con sus mejores galas y exhibiendo un comportamiento ad hoc.

[1] Según el libro de Forero-Nougués “El deporte en Colombia” los tres primero visitantes fueron el Chancay, el Círculo Sportivo Italiano y el Association, equipos peruanos que disputaron sus partidos en Bogotá y ante equipos de la región.

[2] Posteriormente Fernando Paternoster dirigiría al Deportivo Municipal, la matriz del actual Millonarios de Bogota, y al Emelec ecuatoriano. Se da la casualidad de que cuando entrenó al equipo ecuatoriano, en la década de los sesenta, este era conocido como el “Ballet Azul” por la calidad de su juego. Curiosamente Emelec también recibe el apelativo de “los millonarios“, al igual que los dos principales clubes de Pedernera: Millonarios de Bogotá y River Plate.

(I) Bonnie & Clyde in a football grass

(II) La lucha continúa

(III) Un pasatiempo clandestino

(IV) Los pioneros argentinos

(V) El sello inconfundible del verdadero deporte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *