Cuando Juan Guillermo Cuadrado recibe el balón, todos saben lo siguiente que hará. La incógnita es el cómo, pero el desenlace ya está advertido. Cuadrado recibe el balón y quiere ganar la línea de fondo. Siempre. Es su obsesión. Con un amague, una carrera, una elástica, una croqueta. Su repertorio de regates es lo más imprevisible dentro de lo predecible que es. Lo suyo siempre será llegar a la última raya.

Cuadrado puede resultar una forma particular para dominar

Por lo anterior, dio la sensación que Mourinho sacará mucho provecho de Cuadrado. No tanto por su desborde, porque no siempre es exitoso, pero sí por cómo Cuadrado condiciona al rival. Los laterales lo esperan, conscientes de que cualquier achique puede resultar en suicidio. Y mientras lo esperan, el Chelsea gana tiempo para posicionarse en campo contrario.

Así las cosas, el fichaje Cuadrado puede ser una nueva forma de dominio; dominar con terror. Siempre que Cuadrado recibía el balón, el Everton retrocedía con pánico. Y cuando más atemorizado se hallaba el Everton, Mourinho sacó del campo a Juan Guillermo Cuadrado, con la satisfacción del deber cumplido. Porque a Cuadrado le obsesiona la línea de fondo, pero a Mourinho le obsesiona ganar.

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