Cuando acabó la huelga del fútbol argentino no llegó la paz, si no la posguerra. Adolfo Pedernera contaba en su autobiografía que aquella había sido “una lucha tremenda que dejó enconos, separación de compañeros y lo mas tremendo: pérdida de amigos”. Se refería, a nivel sentimental, al desengaño producido por la traición de los típicos esquiroles (en España) o carneros (en el Río de la Plata), los rompehuelgas, que no solo habían entorpecido el movimiento obrero, si no que acabaron albergando rencor hacía sus camaradas. No obstante a nivel de relación con la patronal las consecuencias fueron, si cabe, aun peores.

Al periodista Abel Fresco le confesó en un encuentro informal -celebrado en una cafetería bonaerense- que, tras la huelga, los cabecillas se habían visto forzados a exiliarse para poder jugar. Oscar Basso, defensor de San Lorenzo, emigró primero al Inter de Milan y luego al Botafogo. Tan notable era que una breve estadía de apenas 17 partidos en Brasil le bastaron para convertirse en eterno ídolo de la afición local. Fernando Bello, portero conocido como El Tarzán de Pergamino, aunque ya estaba retirado cuando inicio la huelga, fue apartado de su cargo como técnico de Independiente, quedándose sin la posibilidad de levantar el título de campeón que su club conquistaría esa misma temporada [1].

Tras la huelga, el éxodo. Las estrellas argentinas emigraron

Por su parte Pedernera estaba en la treintena, tenía fama de indisciplinado y venía de fracasar con Atalanta (16º) y Huracán (10º). Aquello perfectamente podría haber significado el punto final a su leyenda, de no haberse dado un serie de circunstancias excepcionales. Meses antes de que se declarase la huelga [2], un combinado amateur colombiano, el Club Independiente Santa Fe, había derrotado a un equipo profesional argentino. El suceso se produjo en el marco de un encuentro amistoso, pero la hinchada lo celebró con gran euforia, puesto que aquella era la primera victoria nacional frente a un conjunto del prestigioso fútbol argentino [3].

El balompié colombiano tenía ya entonces una gran tradición, pero carecía de abolengo. Sabemos que el primer encuentro organizado se había celebrado en 1892, por iniciativa del estadounidense Henry Rown Lemly, pero este debut había tenido escasa repercusión entre los colombianos. El país estaba sumido en conflictos civiles y el público potencial gustaba de otro tipo de entretenimientos, preferiblemente la ópera, el teatro, los conciertos y a nivel deportivo el ciclismo, todos ellos más cercanos al modelo cultural imperante, que era el de estilo francés.

A pesar de tener casi medio siglo, el fútbol en Colombia era un deporte de segunda

El coronel Lemly oficiaba entonces como director de la la Escuela de Ingeniería Civil y Militar, posición a la que había llegado tras una trayectoria novelesca que incluía la gran guerra Sioux, aquella en la que fue traicionado y ajusticiado el popular jefe indio Caballo Loco. El gobierno le contrató para que dirigiese la academia militar, lo que él diligentemente hizo estableciendo una organización similar a la del Westpoint yanqui. Mostró también una gran predisposición por incentivar la práctica del deporte entre sus hombres, puesto que consideraba que los “juegos de pelota al aire libre, tales como el football” resultaban muy convenientes “para el desarrollo físico”.

Se ocupó para ello de redactar un reglamento en español, basado en el vigente modelo británico, y según algunos historiadores también habría importado los primeros balones y uniformes. La falta de repercusión inicial de su propuesta, denostada por los intelectuales, no le amilanó y sus alumnos de la escuela militar siguieron practicando el fútbol hasta el año 1899, momento en el que se dio inicio a la Guerra de los Mil Días, lo que ocasionó que los cadetes se fuesen a luchar y que Lemly abandonase el país.

Si hubiese que buscar un elemento común que caracterizase el desarrollo del fútbol colombiano, desde la actividad precursora de Henry Rown Lemly hasta llegar a la gestación de El Dorado, ese sería precisamente su falta de repercusión mediática. La prensa rara vez se hacía eco de este deporte y prueba de ello es que casi no existe documentación sobre la actividad futbolística durante la primera década del S.XX, pese a que sabemos que ya desde el final de la guerra, mediados de 1902, se había reanudado su práctica a través de el Polo Club de Bogotá.

El cubrimiento por parte de los medios de comunicación era casi inexistente

Ese mismo año se publicó un nuevo reglamento, obra de José María Obregón, y se organizó un encuentro en Teusaquillo (Bogotá) ante 200 personas. El partido fue reseñado por el primer gran diario colombiano, “El Nuevo Tiempo“, pero posteriormente no se volvió a hacer mención a la práctica del fútbol. El historiador y periodista Enrique Santos Molano supone que los periódicos seguramente decidieron omitir la informaciones relativas al balompié por considerarlas intrascendentes.

A pesar de esta mordaza mediática existen indicios de que la pasión por el juego ya estaba presente desde sus primeras épocas. La final de la Copa Mayor Bartolina (1914) disputada por el Polo Club y el Bartolino fue definida por la prensa como “el match más reñido que se haya presenciado en Bogotá”. También la Copa Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, celebrada ese mismo año, fue calificada de “lucha reñida, pertinaz, de igual a igual”.

El fútbol colombiano engendraría su primera Liga Nacional (1924), sería reconocido por la FIFA (1936), e incluso produjo su primer caso de exportación exitosa, el tumaqueño afincado en Suiza Alex Frigeiro Payán (1932), sin conseguir variar la indiferencia de la prensa patria. El punto de inflexión sería aquel Santa Fe-Velez y el deseo de capitalizar la euforia en un momento en que el país necesitaba un contrapeso emocional.

[1] Único ex guardameta campeón de Argentina como técnico hasta Julio César Falcioni (2009).

[2] El Santa Fe-Vélez se celebró el 18 de enero de 1948 y la huelga se oficializó el 9 de noviembre de 1948.

[3] El encuentro supuso el inicio del tradicional mal desempeño de Vélez por tierras colombianas.

(I) Bonnie & Clyde in a football grass

(II) La lucha continúa

(III) Un pasatiempo clandestino

(IV) Los pioneros argentinos

(V) El sello inconfundible del verdadero deporte

2 comments

  1. ¿De dónde sacó que “la prensa rara vez hacía eco de este deporte”? Consulte, por ejemplo El Tiempo. Verá que, al menos desde fines de los treintas, había información sobre los partidos y torneos, cada ocho días y hasta más frecuentemente, cuando había noticias.

  2. @Hernando Rodríguez

    Hola don Hernando. Creo entender que hay una mala comprensión de lo que dice en el texto. Si se fija verá que se habla de la primera década del S.XX. Usted me está citando prensa de finales de los años treinta (tercera década del S. XX).

    Un saludo

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