Como la adaptación del actual Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone o el mismísimo papel de la Costa Rica de Jorge Luis Pinto en la última Copa del Mundo, Piscis Restrepo prioriza el orden y trabajo defensivo. Dominar campo propio hace parte del fútbol, y a partir del 0 en el arco, se tienen posibilidades de, al menos, sumar un punto e ir hasta el último segundo a por los tres. A una jornada de terminar la fase de grupos camino al Hexagonal final, Colombia suma apenas un gol en contra y se va transformando en la mejor defensa del campeonato. Un gol que costó sumar y que nació de una desatención ante una fortaleza uruguaya: el juego aéreo.

El nivel de Juan Sebastián Quintero, el pico de la sub-20

El portero Montero, los centrales Quintero y Sánchez y el mediocentro Rovira han creado un sistema defensivo de por sí. Un sistema que, pese a tener aún correcciones en la basculación y en mecanizar relevos en transiciones defensivas, ofrece garantías y es parte angular del plan inicial del entrenador: recibir pocos goles, trabajar mucho defensivamente y ser efectivos en ataque. Venezuela se estancó con un Rovira ágil y atento en el robo, con Quintero y Sánchez sólidos en el mano a mano y en los balones bombeados, y Montero, a pesar de tener poco trabajo y salir casi nada en los centros laterales, sacó una pelota importante en los últimos minutos y transforma, de paso, cada saque suyo en transición ofensiva.

Venezuela se vio maniatada de principio a fin, en defensa y en ataque, con y sin balón. Los dirigidos por Echenausi dependen exageradamente de la habilidad en el regate de Reyes y de los movimientos y la hiperactividad de Ponce. Pero todo en exceso termina siendo perjudicial. El fútbol y la insistencia de ambos pasaron de ser una adivinanza para los laterales y los centrales cafeteros a ser la monotonía en un par de minutos. Colombia desactivó las armas venezolanas y el escenario, a partir del minuto 15, fue tricolor y se inclinó hacia la puerta de Velásquez. Pero sin Jarlan Barrera.

La segunda mitad fue otra con Jarlan Barrera en cancha

Colombia creció en el segundo tiempo, tuvo más ideas en el último tercio y un juego superior entre líneas. Quiñónez pasó a ocupar la banda izquierda con mayor consistencia, pero el jugador del Quindío no tuvo un día fino con su juego interior, y pegado a la línea de cal, en el partido más flojo de él del torneo, se perdió. Pero con Jarlan Barrera el equipo se hace mejor y juega a otra cosa, a otro ritmo, a otra dinámica, y Lucumí se beneficia con su último pase para aprovechar sus diagonales largas desde la derecha. Y sobre todo con un Jarlan sin percatarse que partiendo desde la posición de interior explota todas sus cualidades y transmite bastante peligro.

Piscis confirmó su sostén defensivo y su destreza para edificar un muro desde lo más complejo. A Quintero y Sánchez, las noticias más destacables del pobre Esperanzas de Toulon, se sumaron ya Montero y Rovira para impulsar la tarea del fondo.

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