Salida de meta de Vásquez con Tello, Rentería (en el interior diestro) es buscado a ras de piso por el lateral de Envigado y este último, sin idea y cabeza alguna, la devuelve con los defensores. Así de monótona y opaca funcionó la salida con balón de la sub-20 de Carlos Restrepo en el último Esperanzas de Toulon donde el equipo, ni luz ni sombra, acabó penúltimo sin lograr una sola victoria y convirtiendo la cifra soporífera de 3 goles. En un grupo conformado por la Brasil de Ademílson, la Inglaterra de Ward-Prowse y las pragmáticas Corea del Sur y Catar.

Piscis entendió que tenía un grave problema desde la salida con balón para construir en posicional: el lateral diestro. El equipo, fuese como fuere, no ganó profundidad y una altura mayor para marcar línea de pase. Hoy la banda derecha era bohémica con Andrés Felipe Tello, mañana se convertía inajustable con Walmer Pacheco y pasado, después de la resaca y sobria, se ponía el smoking para ir a trabajar con Nilson Castrillón. Disímil. Por ende, el entrenador paisa se decidió por Tello de mediocentro, Castrillón de lateral titular y Pacheco fuera de la lista. Primera solución, a priori, arreglada.

El Real Madrid no quiso prestar a Juan José Narváez

Otro inconveniente: la imagen presencia de un enganche-enganche. Primero se probó con Cristian Arango, un mediapunta intermitente, sin ritmo en la circulación y que rellena mucho el área como si de un punta se tratase, pero el plan a Piscis, ni mucho menos, le generó ruido. Y es que las selecciones juveniles sub-20 colombianas, generalmente, han tenido la presencia de un ‘10’ -Quintero, Reina, Mojica, Ortega y Sherman, por ejemplo- o de un segundo vértice superior resolutivo y con capacidad de último pase -Pino-. De hecho, sin tal imagen, el equipo dependerá de la electricidad de Joao Rodríguez o Jarlan Barrera por detrás de Rafael Santos Borré o Mauro Manotas, disipando la idea de un ‘9’ fijo y un mediapunta puro para restarlo con vértigo. Agitar y agitar.

Tercero y último: doble pivote. Los versos ‘piscistas’ en la sala máquinas eran simples y sencillos: un mediocentro para sostener –Ayala– y un segundo mediocentro –Rentería–, casi interior, para acompañar desde segunda línea. Ni chicha ni limoná, ni lo uno ni lo otro. Los dos, casi sin protagonismo en el 2014, no estarán en Uruguay para el Sudamericano. Entonces… ¿qué benefició buscó Carlos? Tello de ‘5’ y un organizador natural como Rovira para compensar la falta de creatividad entre líneas en el último tercio, aportarle ritmo en la circulación y, sobre todo, la pausa o aceleración necesaria que requiera la jugada. Un doble pivote más escalonado para sacar el balón jugado, pero más sujeto en transiciones defensivas.

El balón en ataque posicional “dejó” de quemarles a los futbolistas

La selección Colombia ofreció números interesantes en varios ciclos de preparación. Entre el 8 y el 12 de octubre, en el Cuadrangular Internacional de Santiago de Chile, el equipo tuvo en promedio el 55% de la posesión entre los tres partidos, un déficit que mostró en Toulon y en otros ciclos pre-Sudamericano –Copa Chivas–. En menor medida, dejó de depender exclusivamente de transiciones y contraataques, para suministrar más el esférico y transmitir peligro desde la construcción. El equipo siempre pecó de posesiones largas ciertamente defensivas para cerrar y/o dormir el partido. Momento de Sudamericano.

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