El fútbol a veces es tan simbólico que acaba dejando más simbolismo que fútbol. A veces, también es predecible. En Marrakech, chocaban en la final del Mundial de Clubes quien fue el capitán de La Selección Colombia durante la mayor parte de la última década, y quien debería ser el más frecuente portador de la banda durante la próxima. Pero el guión, de entrada, dejaba poco espacio para mayores sorpresas en el terreno. Y el partido lo siguió estrictamente.

San Lorenzo fue breve y al punto. Salió a aguantar y trabar los carriles centrales por los cuales Bauza entendió que podría llegar el mayor peligro. Tenía razón. Ortigoza, Mercier y Kalinski -este último, el único con posibilidades de aportar en la contra- congestionaban el espacio frente a su propio área con poca libertad para achicar. La prioridad no era morder a Kroos -el eje del cuadro merengue- sino dejar sin espacio a Cristiano e imposibilitar el giro de James o de Benzema. En esta labor Yepes era el principal soporte desde atrás. El número 3, sin embargo, sin desentonar, se veía lento y hasta más flaco. Legaba a destiempo, y a pesar de que interceptaba de vez en cuando, daba la sensación de estar lejos de aquel capitán que estrechó su brío de mariscal de campo casi sobrenaturalmente hasta la pasada Copa del Mundo.

San Lorenzo aguantó hasta el minuto 37

Sin Modric, Madrid atacó con un 4-3-3, en el cual James era interior izquierdo y gozaba de mayor libertad que Isco, su contraparte por derecha, para adelantarse. Pero en este caso, eso de “libertad” es relativo: al despegar hacia adelante James quedaba, junto a Benzema, atrapado en una conglomeración de piernas y patadas que dificultaban la entrada de cualquier forma de claridad. El cucuteño y el francés eran, en la visión de Ancelotti, los más capaces de evitar la irrelevancia completa en tal contexto, y por lo tanto fueron los sacrificados. James intentó facilitar el juego desde esta zona, y con sus giros rápidos y asociaciones de primera jugada lo consiguió; pero no logró tener mayor consecuencia que aquella implícita y, para algunos, poco vistosa.

Sergio Ramos venció a Yepes en un tiro de esquina para el primer gol. El cobro de Toni Kroos fue tan bueno como siempre, y recordando la exquisita maniobra del español para anticiparse, es difícil achacarle la culpa al ex-capitán tricolor. En el 2-0, Isco finalmente encontró un receptor entre líneas. Gareth Bale recibió entre un central pegado a Benzema y un lateral izquierdo confundido por el despliegue ofensivo de Carvajal. James observaba cuidadosamente a varios metros de la jugada.

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