River Plate obtuvo la Copa Sudamericana en tres suspiros. Los mismos en los que Pisculichi conectó como se debe su botín con la pelota. Uno fue gol. Los otros dos, asistencias. Atlético Nacional llegó hasta este punto de forma accidentada y perdió justo así. Sin embargo, siempre mostró empuje y determinación… hasta que recibió el golpe de gracia. Los dos equipos regalaron 180 minutos de emociones para propios y extraños, para sus hinchas y para los neutrales. Y antes de que Leonardo Pisculichi dijera presente en el partido, pasaron cosas para contar.

Osorio se expresó desde la alineación. Él y sus jugadores siempre hablaron de una prioridad: mantener el 0 fuera de casa. El técnico, en pro de esta premisa, realizó un cambio fundamental respecto al esquema de hace una semana en Medellín. Introdujo a un lateral (Valencia) por un extremo (Copete) y cambió el dibujo de 3-3-1-3 a 4-3-1-2. Nájera y Henríquez eran los centrales; Bocanegra y Valencia los laterales. Más adelante, en el centro del campo, Mejía ejercía de mediocentro flanqueado por Bernal y Díaz. Cardona partió de enganche con Berrío y Ruiz por delante. La tarea de los jugadores era distinta. Si en el Atanasio el verde salió a proponer, en El Monumental quiso defender cerca de su arco.

River quiso salir a complicar la salida de Nacional

Las intenciones del conjunto de Marcelo Gallardo quedaron claras desde el pitazo inicial: asfixiar a los jugadores más retrasados de Nacional, forzar pérdidas, dividir la pelota, transitar y buscar jugadas de pelota quieta. Desde su 4-4-2 en rombo ancho River logró parte de su cometido durante toda la primera parte. Como en esta ocasión Nacional no tenía superioridad numérica desde atrás a diferencia de hace una semana, Teo y Mora se emparejaban con los centrales, a Mejía lo mordía Pisculichi y Bocanegra no encontraba receptores cercanos. Así, Nacional no salía jugando desde atrás y el cuero no tenía dueño. Pisculichi comenzó a avisar y Armani a salvar a su equipo.

Entre tanto desorden se abrían espacios y la idea de Gallardo se materializaba. Algún jugador de River enviaba la pelota hacia una parcela vacía, algún otro atacaba ese lugar, y se generaba peligro. Ponzio empujaba hacia adelante a Sánchez -bien abierto en derecha- y a Rojas para presionar. Así continuaba el caos que buscaban.

Cuando Nacional tomaba la pelota era por poco tiempo, y si lograba que el balón llegara de cualquier forma a sus hombres más adelantados, las condiciones de la jugada eran precarias. Berrío fue inofensivo en comparación a hace ocho días porque recibía en estático y no corriendo a la espalda de Vangioni. Además hoy comenzó como delantero centro. Cardona no tuvo su noche. En ningún momento deseó pausar un poco para dar un pase que diera sentido a la tenencia y permitir a sus compañeros moverse mejor. Quien sí estuvo inspirado una vez más fue Luis Carlos Ruiz. Su rendimiento en el torneo es digno de cualquier elogio. Decisiones correctas y acierto técnico traducidos en peligro de forma constante. Nacional comenzó a encontrarle con más facilidad gracias a la decisión de Osorio de abrir a sus dos puntas.

Pisculichi decidió a través de su mejor facultad: el golpeo

El partido se fue a los descansos con 0-0 en el marcador, la sensación de que River pudo haber logrado más, y de que Nacional podía marcar en cualquier momento de inspiración individual. Esto último se esfumó cuando Mercado, a los 55’, remató la perla que Pisculichi envió al corazón del área desde el punto de córner. Cuatro minutos después se repitió la secuencia, pero fue Pezzella quien obró el segundo tanto.

Murillo entró justo después para reemplazar Francisco Nájera, otro central. También salió Farid Díaz -mal partido- para que jugara Wilder Guisao. Sin embargo, en este punto las implicaciones tácticas estaban en un segundo plano. Para Nacional el impacto de recibir dos goles de la misma forma no fue nada fácil de digerir, y así se consumieron los minutos hasta el final del partido. De vez en cuando Pisculichi inquietó otra vez. Y Osorio le dio 18 minutos a Sherman Cárdenas, en los cuales el bumangués demostró que con la pelota es, de largo, el que más fútbol atesora del equipo, y al que menos se potenció.

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