Santa Fe lo apostó todo a clasificarse para la final ante Once Caldas, no reparó en evitar amonestaciones y, dejado escapar los 3 puntos, se jugará el pase a la final en condiciones precarias ante Atlético Nacional en Medellín. Por su parte, Once Caldas no tenía mayor obligación que ser un digno obstáculo para las aspiraciones cardenales. Y así fue.

La ausencia de Omar Pérez apresuró una jugada de mucho potencial: los apoyos de Jefferson Cuero en tres cuartos de cancha abrían espacios para acumular gente de Santa Fe en ataque. Claro, la capacidad asociativa de Cuero es precaria y sus recepciones no es que junten a Santa Fe en ataque precisamente. Pero aquella movilidad permitía el despliegue de Anchico y Mosquera por las bandas; Santa Fe podía levantar esos centros al área que, finalmente, son su mayor interés. Levantar centros no para buscar un remate, sino con el ánimo de pescar algún rebote.

Los ataques de Santa Fe se redujeron a las segundas jugadas

Desde el minuto 0, Santa Fe eligió defender apenas iniciaba sus ataques. Dicho de otro modo: jugaba directamente sobre sus delanteros, no para producir por vía aérea, pero sí para ganar balones secundarios. Por un momento parecía que Morelo, Arias, Torres, Anchico y Cuero tiranizaban las segundas jugadas. Cinco pescadores de rebotes sitiaban al Once Caldas en su área. Pero la supremacía duró lo que dura un pestañeo y el Once Caldas no tardó en avasallar al supuesto tirano.

La distancia entre líneas sigue siendo el conflicto no-resuelto de Santa Fe. Los pescadores se olvidaron de su rol por habitar el área. El Once Caldas pudo hacerse con el balón y eligió a Marlon Piedrahíta para profundizar. Santa Fe sería puesto a prueba por la zona de Mosquera, Arias y Seijas. La polivalencia de los tres representa una buena oportunidad para crear alturas que sortear al rival. Nada de eso ocurrió. Los tres quedan fijos en una línea que se debate entre el repliegue y el achique, y son los laterales ofensivos quienes gozan los espacios que genera tal indecisión.

La banda izquierda de Santa Fe fue una autopista para el Once Caldas

Esta vez fue el turno de Piedrahíta, lateral del Caldas, quien ganó la línea de fondo cuantas veces quiso. Incluso Edwards Jiménez se animó a caer a la derecha y generó una clara opción de gol. Si el Caldas no se adelantaba en el marcador fue por el desacierto en el remate final de Jiménez y Arias. Once Caldas puso en evidencia lo peor de Santa Fe. Una vez más, el equipo de Costas se partió. El abismo entre los pescadores de rebotes y la defensa es el abismo que separa a Santa Fe de alcanzar cierta solidez defensiva.

Para el segundo tiempo, Meza cubriría más la banda para escudar la escandalosa espalda de Mosquera. El Caldas ya no penetraba por la derecha de igual forma. Su gol llegaría por otra vía: una pifia defensiva dejó el balón servido a los pies de Edwards Jiménez, que sólo necesitaba un gol para completar una actuación formidable.

En el Atanasio Girardot, Santa Fe definirá su pase a la final

Gustavo Costas le dio ingreso a Armando Vargas para que le diera sentido a la posesión de un Santa Fe que confundía vértigo con precipitación. Flabio Torres aceptó la premisa del cambio: replegó asumiendo que Santa Fe se haría con el balón en busca del empate. Pero las decisiones en ataque no mejoraban para Santa Fe. Todos levantaban el balón sin advertir que los pescadores se hallaban lejos de la zona de rebotes: esa zona, ese abismo que tanto padece Santa Fe. Entonces Edwards Jiménez lanzó su caña, lo pescó todo y el tiempo parecía eterno con el balón a sus pies. El Once Caldas siempre tuvo al verdadero pescador.

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