River, uno de los mejores equipos a nivel continental este semestre, arrancó con una idea de juego muy clara. Presión alta y transiciones ofensivas rapidísimas, buscar espacios para aprovechar la calidad de sus jugadores. El inició fue espectacular, no sólo la idea sino las piezas que la conformaban encajaban perfectamente, como si se tratara del cuerpo humano. Cada uno cumplía sus funciones, que no eran limitadas, abarcaban una amplía gama de posibilidades dependiendo de las intenciones del rival. Después, para la segunda parte del semestre, el cuerpo de River comenzó a ceder. Sus partes comenzaron a desgastarse e incluso tuvo que cambiar su corazón, todo esto ha causado un bajón considerable en el rendimiento. Para entender esto haremos una revisión rápida a la anatomía de River.

A River Plate le ha costado volver a encontrar su mejor nivel

Parados en un 4-3-1-2 los de la banda cruzada se hicieron fortísimos en su medio campo y desde ahí ejecutaron todas las tareas ofensivas del equipo. Para esto el trabajo de Sánchez y Rojas fue clave, los interiores del millonario cumplían una doble función, cuando el equipo perdía el balón tenían que ir rápidamente a recuperarlo con el fin de agarrar al equipo contrario saliendo y generar espacios en la defensa rival. Cuando el balón superaba su línea tenían que esperar la buena labor del titán Kranevitter para recuperar la redonda, mientras ellos se ubicaban a los costados para darle salida y amplitud al equipo. En la fase ofensiva los interiores de River realizaban un trabajo de desgaste tremendo, Sanchéz, un poco más libre, atacaba constantemente los espacios vacíos mientras que Rojas esperaba un poco atrás para aprovechar su visión y la precisión de su pase en largo. Todo esto con el fin de darle un nuevo aire al equipo, eran los pulmones de la banda cruzada. Ahora hablemos del corazón.

Un párrafo sólo para él se merece Matías Kranevitter. El juveníl de River erigió con su fútbol un equipo tremendo. Entendió a la perfección la idea de Gallardo, recuperar rápido para atacar aún más rápido. El “colorado” se apoderó de la idea, no sólo la entendió sino que la hizo suya, partido tras partido corrió por toda la cancha anticipando, cortando y jugando, basculaba por todo el terreno, le daba sentido a los ataques de su equipo, pero su labor más importante era soltar el balón con rapidez pero sin perder el criterio, no la soltaba por zafarse la soltaba para generar peligro y espacios. Como un corazón bombeó fútbol a las venas de su equipo hasta que en la octava fecha, jugando contra Independiente, se fracturó el quinto metatarsiano de su pie derecho. era tiempo de buscar el marcapasos para River.

En la final, Kranevitter podría ser titular, por primera vez, después de su lesión

Así entró en escena Leonardo Ponzio, uno de los veteranos del club. Llegó como rueda de auxilió, como el marcapasos para que el corazón de River no cediera. Pero no sería lo mismo, a la pérdida de Kranevitter se le sumaba un considerable aumento en la cantidad de partidos jugados. Ponzio no cumpliría la misma función que el “colorado” su estilo de juego es bastante distinto, mucha más pausa siempre con la intención de organizar el equipo, por eso surgieron leves modificaciones que afectaron el funcionamiento del cuerpo River. Los pulmones, acostumbrados a trabajar rápido y fuerte, tuvieron que buscar otra marcha, detener su frenesí para bajar unos metros en la cancha y apoyar el trabajo de Ponzio. Por su parte la Cabeza, compuesta por Maidana y Funesmori caracterizados por su tremendo juego aéreo tanto ofensivo como defensivo, que había sido siempre tan firme en las épocas de Kranevitter, adelantaba su línea sin miedo y se arriesgaba a anticipar casi a la altura de la media cancha. Se vio obligada a echarse para atrás, a esperar tranquilamente en el borde de su área, donde sus falencias en velocidad de reacción y uno contra uno quedaron expuestas.

Las piernas de River no se vieron tan afectadas, Mercado y Vangioni sufrieron más con el desgaste de los partidos que con el cambio de estilo. Su trabajo de recorrer constantemente la cancha y de darle salida al equipo las desgastó y en los últimos partidos de la banda cruzada correr igual ha sido insostenible. El cerebro, Leonardo Pisculichi, por su parte disfrutó a plenitud cuando el corazón fue Kranevitter. Acostumbrado a pensar rápidamente “Piscu” ejecutaba con mucho espacio y dotaba de calidad el ataque pero después, con la llegada de Ponzio, aunque dispuso de más tiempo para pensar, sus pases se tornaron menos punzantes y decisivos, con menor espacio la ejecución se torna complicada.

Kranevitter ha sido clave para el buen funcionamiento de River Plate

Las manos de River también sufrieron dos etapas. En la primera Teo, la mano derecha, dirigió y finalizó los ataques de un modo ejemplar. Se juntó con todos, armonizó el ataque, los llevaba uno a uno por donde él quería para abrirse espacios y ejecutar a placer. Con el desgaste del resto del cuerpo tuvo que retrasarse, liberar a la mano Izquierda, Rodrigo Mora, y esperar pacientemente los pocos momentos en los que puede dirigir a sus compañeros. En cambio Mora, tal vez el que menos ha sufrido los cambios del equipo, mantiene mucha regularidad acostumbrado a atacar los espacios que libera Teo y a sacrificarse constantemente por el equipo la mano izquierda goza de buena estabilidad ya que es la que menos necesita del resto del cuerpo.

Sólo quedan dos partes por analizar, la primera, escondida debajo de los palos pero acompañando a cada uno de los jugadores de la banda cruzada es Barovero, el alma. Con una fé fuera de límites el guardavallas ha sido más que importante en la campaña y se ha convertido en un referente del club y de sus compañeros que confían ciegamente en él.

Por último, pero tal vez el más importante, está el doctor. Marcelo Gallardo tal vez no hace parte directamente del cuerpo River. Pero es quién lo cuida para que funcione, es quién poco a poco comienza a encajar piezas nuevas en ese cuerpo para darle más vida, más orden, más fútbol. Desde afuera observa cuidadosamente y como un doctor receta y opera el cuerpo River con suma libertad, claramente no es cualquiera. Por eso todos los jugadores confían en él.

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