Elegir el 2013 como el año más brillante de la historia de Santa Fe sin temor a equivocarse. Santa Fe avanzó hasta la semifinal de Copa Libertadores, donde le faltó poco para vencer a Olimpia de Paraguay. Su juego colectivo suscitó el reconocimiento internacional. También destacó en el torneo local, donde hizo una campaña formidable que le valió un subcampeonato. En ambos casos fue necesaria una pieza fundamental: Santa Fe, después de 9 años, volvía a tener en sus filas a un goleador del torneo local.

Wilder Medina aterrizó en Bogotá en medio de un escepticismo generalizado. Escepticismo que, desde el primer momento, fue persuadiendo hasta reducirlo a nada. Cuentan quienes vieron su pretemporada que no hubo partido en que Medina no anotara un gol. Tardó 3 partidos oficiales en conciliarse con la red y, aunque la demora pareció eterna, valdría la pena. En Floridablanca empezó una racha que se extendería hasta el final de temporada. Su fortaleza mental le daba un aire de irreductibilidad y su fútbol le hacía parecer invencible.

Tal vez Santa Fe fue testigo del mejor Wilder Medina. El manejo que tenía del tiempo y el espacio indicaba que había alcanzado el umbral de madurez. En la interpretación del espacio era imbatible. Emprendía desmarques a la espalda de la defensa rival y, si le enviaban el balón al espacio, la ruptura ya estaba hecha. John Valencia, Daniel Torres y, por supuesto, Omar Pérez, fueron sus grandes cómplices en esto. En rupturas no tenía semejante. Sí, a sus 31 años, Wilder Medina sorteaba rivales en velocidad.

En Santa Fe, Wilder Medina expuso toda su madurez

Claro, la línea defensiva del rival no siempre estaba adelantada y los lanzamientos a su espalda no siempre eran posibles. Era entonces que Medina sacaba a relucir su gran interpretación de los espacios. Medina no era precisamente estático ante defensas replegadas. Por el contrario, proponía líneas de pase acercándose al balón, participando en la elaboración del juego, llevándose a la marca con él y desordenando al adversario. Medina hacía posible los espacios que antes no existían: sus compañeros los disfrutaban o lo hacía el mismo mediante un giro. Medina rozaba la autosuficiencia. Las interpretaciones que hacía de la situación lo convertían en un auténtico cazador de espacios. Pero no cualquier cazador. Wilder Medina era ante todo un sabueso y su olfato era agudo para el peligro.

Medina emigró a Ecuador desconociendo el crepúsculo en que se hallaba su instinto cazador. Su paso por Guayaquil fue la discreción que jamás acostumbró en vida. Entonces regresó a Santa Fe, seguramente motivado por una nostalgia de gloria y el anhelo de recuperar lo mejor de sí. El Santa Fe que lo acogía de nuevo era muy distinto al que lo vio marchar. Gustavo Costas enseña a atacar los espacios por encima de entregar la pelota al pie. La velocidad es la condición básica para ejecutar el plan. Todo apuntaba a que Medina caería como anillo al dedo en la estrategia. Sus características se verían potenciadas a raíz de la propuesta de Gustavo Costas.

Por sus características, Wilder encajaba perfectamente en el plan de Santa Fe. Pero no fue así

Es por esto que resulta complejo dar razones para su fracaso. Podría aducirse que, en su primer paso por Santa Fe, Wilder Medina alcanzó el punto más alto de su rendimiento, y que perpetuar el éxito no es cosa de mortales. En el caso específico del deporte, el estado físico no mantiene una línea progresiva, sino que se produce en discontinuidades. El equipo que Gustavo Costas demanda es un equipo con una presión alta definida. Medina fue incapaz de la intensidad física necesaria y su presencia en la cancha requería largos periodos de recuperación. Sus 33 años lo han robustecido y sin velocidad, Wilder Medina no es Wilder Medina. Con la pelota a sus pies, la marcación sobre él resultaba sencilla, pues sus reflejos ya no eran garantía para proteger el balón. Su solvencia asociativa decreció y ya no desordenaba rivales como hacía en días de gloria.

Seguramente la historia sería distinta si el plan de Santa Fe hubiera tenido en cuenta la evolución física de Medina. Tal vez acercarlo al área le habría evitado un despliegue físico del que ahora es incapaz; tal vez el simple hecho de ahorrarle obligaciones extra habría potenciado su cuota de gol. Pero la realidad es otra, y Gustavo Costas no contempla llevarle el balón al área a ninguno. Wilder Medina se marcha con la sabiduría del sabueso. El sabueso que con los años pierde su olfato cazador. Eso sí, lo último que huele en vida es que se acerca el final. Entonces se aleja de todos. Y de todo.

Adiós, sabueso.

2 comments

  1. Es importante agregar a esto un poco de contexto sobre la forma en la que llegó al equipo. Sobre todo la razón por la cual no había ni un poco de confianza en el, que probablemente es la misma que lo destruyo (además de los años).

    Tenía la falencia del deportista colombiano que llega a la gloria sin carácter para poder afrontarla. Como Pambelé, el tigre Castillo, Muriel entre otros muchos.

    Esa gloria lleva a la droga, al alcohol a una vida llevada de forma destructiva, sobre todo para un deportista de alto rendimiento. Un año de gloria tras las drogas que seguramente lo destruyo mas que cualquier otra cosa.

  2. La intención, no sólo mía, pero también la de El Dorado Magazine, es evitar apelar a razones extra-futbolísticas para entender el juego. Las repercusiones de narcotizar la consciencia es un campo que desconozco: profundizar en ello me quedaría muy mal.

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