El modernismo global ha irrumpido en todos los ámbitos. Uno de ellos es el fútbol. Actualmente, más táctico que liberado. La Hungría del ’82 que, circunstancialmente, parecía un 2-3-5 por la proyección de sus laterales (Martos y Toth). O, inclusive, la Bélgica del ’54 con su peculiar 3-2-2-3 con la pareja Houf-Anoul en la mediapunta. Así y muchos más ejemplos hay en el fútbol del antepasado. Pero, actualmente, prevalece el equilibrio y el orden, con o sin la pelota. Ahí nace el trabajo y la movilidad para atacar en posicional. Se defiende pensando en agredir. Y allí está Gustavo Cuéllar, con su pierna que se asemeja a una varita mágica.

Junior demostró esta temporada, de la mano de Miguel Ángel López y Julio Comesaña, problemas en el armado de juego. Al menos, con López, juntó en algunos partidos a Michael Ortega, Edwin Cardona y Luis Carlos Ruiz. Pero eso fue ya sobre el final, con la soga atada al cuello. Mientras tanto, con Comesaña, un equipo que obsequiaba el protagonismo tanto del partido como de la posesión. Un juego directo plasmado en todas sus ideas bajo la amenaza de correr con Édison Toloza (I) y Yessy Mena (II). El plan funcionó en el primer semestre (subcampeón), pero en el segundo semestre dejó dudas (dejándolo al borde de la eliminación por Liga y sin posibilidades por Copa).

Jorge Ortega y Roberto Ovelar, delanteros de Junior, no han tenido un buen semestre

Comesaña entendió que el equipo, con los inconvenientes de Quiñones y con la mínima capacidad de resolución de Mena, tenía que cambiar de idea. Sin embargo, jamás apareció Cuéllar como pieza indiscutible. Jugó más de carrilero izquierdo que propiamente de mediocentro o interior organizador. Pero siempre detonó esquemas rivales con su varita mágica o con un simple movimiento interno que abría una línea de pase pero también un espacio para los delanteros tiburones. Él va un segundo por delante de todos analíticamente. Entiende qué movimiento hacer para fabricar espacios o qué sentido darle a la posesión para transformar un pase en peligro. Cuéllar es de los pocos mediocentros (junto a Rafael Carrascal) que potencian cada toque verticalmente, mas no horizontalmente.

Cuéllar es lo más razonable en el fútbol colombiano. Conoce sus condiciones, se toma libertad para salir de su zona y juntarse con Aguirre, Barrera o Vladimir, y también es responsable para bajar a cubrir su posición, aportar defensivamente y jugar cuando la jugada lo pide. Gustavo arma el pase y la maniobra. Él es el estatismo posicional.

One comment

  1. Yo sigo creyendo que Gustavo Cuéllar es uno de los tres mejores futbolistas de nuestro torneo. Me explico. Montar un equipo alrededor del fútbol de Cuéllar me parece más productivo que hacerlo sobre cualquier otro futbolista de la liga a excepción, discutible, de un par más. Un par literal. Su supremacía es muy evidente siempre que juega – lo poco -. Es muy bueno.

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