Independiente Medellín demostró, el fin de semana pasado, que con espacios es un equipo letal. Cuando el contrario decide adelantar líneas y tratar de encarcelar al “poderoso”, sus jugadores forman un bloque sólido que ahoga el ataque rival en el momento que éste intenta llegar al último tercio de la cancha. Recuperaban el balón rápidamente y, con el adversario empujando hacia el frente, surgían a espalda de los centrales espacios ocupados rápidamente por Germán Ezequiel Cano, Javier Calle y Daniel Hernández. Quienes esperaban ansiosos que Cristian Marrugo dotara de sentido el ataque con un envío al espacio libre. Después de eso la muerte estaba anunciada. Era cuestión de uno o dos toques más para que uno de los miembros de su tridente ofensivo quedara de cara a portería. Normalmente el balón terminaba en el fondo de la red, cuando no era sólo para establecer la excepción que crea la regla. El Medellín con espacios es mortal.

Los dirigidos por Torres querían asegurar la clasificación en casa

Pero…¿sin espacios? Cuando no tuvo lugar para desarrollar su temerosa contra, el DIM se mostró indefenso, inerme ante la solidez y la quietud de la defensa tolimense. Formando con un 4-1-4-1 absolutamente estático y muy compacto, prácticamente sin espacio entre sus líneas, el técnico Alberto Gamero complicó y ganó desde la pizarra un partido clave para las esperanzas del equipo “pijao”. Sus zagueros se mostraron tranquilos y fuertes en los cierres, escalonando fácilmente las embestidas irracionales del Medellín. Al Tolima no le dio vergüenza regalarle una y otra vez la esférica al rival y el “poderoso” se vio falto de ritmo y calidad en los últimos metros para poder causarle problemas al equipo visitante.

Sin embargo, el Medellín no era el único con problemas a la hora de atacar. Los jugadores del vinotinto y oro tampoco eran capaces de generar peligro. Gamero prefiere la solidez defensiva sobre la solvencia en el ataque. Su equipo está diseñado para ser atacado constantemente. Olvidando la faceta ofensiva del juego, encargándosela a Yimmi Chará y su don de la autosuficiencia. Pero incluso Yimmi estaba teniendo problemas para gestar algo, su equipo estaba muy atrás y él se encontraba escorado a la derecha, limitado por la línea de cal. Una decisión táctica generó el primer quiebre del partido, Gamero ordenó a Chará ubicarse como mediapunta y subió a Jhon Hurtado a la segunda línea de 4 mudando así a un 4-4-1-1. Esto generó inmediatamente que la primera línea del Medellín tuviera que tomar referencia sobre Yimmi. Además, liberó el carril derecho para la subida de Didier Delgado, lateral de 22 años muy inteligente para atacar, quien recibió a espaldas de Vladimir Marín un envió del central Julián Quiñones para después driblar a dos rivales y poner un centro flotado que Charles Monsalvo sólo tuvo que empujar para poner a festejar al elenco “pijao”.

El planteamiento que Gamero propuso fue fundamental para que su equipo ganara

El primer periodo había dejado la sensación de que el partido no iba a cambiar para la segunda mitad. Sobre el terreno de juego se disputaba una lucha táctica muy meticulosa que por el momento perdía Hernán Torres. Pero al inicio del segundo periodo la anarquía se desató. Técnicos y jugadores se olvidaron por 10 minutos de la pizarra. Errores en marca, diagonales poco ortodoxas y una intensidad que rozaba con lo absurdo invadieron la cancha y llenaron de emoción la partida de ajedrez que se disputaba en el terreno de juego. 4 goles fue el saldo final de esos 10 minutos, dos por cada lado para dejar el marcador 2-3 a favor del visitante. En los 35 minutos restantes el orden volvió a tomarse el partido, Gamero puso un central más y Torres metió a Yorleys Mena para tratar de mover la zaga rival. Pero el partido se convirtió en un trámite que terminó por sellar la victoria tolimense.

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