El Coloso de Rodas fue construido a comienzos del tercer siglo antes de Cristo, y durante 56 años se posó en la entrada portuaria de la ciudad griega como símbolo de control absoluto del espacio -según las poesías, de que “a los descendientes de Heracles les pertenece el dominio de mar y tierra”-. En el año 226 AC, la estatua se quebró en la rodilla; pero relata Estrabón que, aún así, la efigie rota era tan impresionante que la gente atravesaba kilómetros sólo para verla.

Ante El Salvador, José Pékerman regresó al rombo en el mediocampo, y por definición volvió a Radamel Falcao. Para el argentino, tal esquema es insostenible sin la colosal figura del número ‘9’ en punta -no sólo como arma sino también como referencia-, pero con el tigre nuevamente en sus filas, el experimento funcionó. Radamel, aún recién re-ensamblado, continúa siendo el fin y, principalmente, el método.

El Tigre marcó el primero y dejó servidos los otros dos

Fuera del área, Falcao no logró ser tan atrevido como en partidos anteriores, en parte, porque algunos de sus movimientos con balón no están aún tan afinados. No obstante, su mera dinámica sin pelota en esa zona bastó para desencadenar reacciones. Lo de siempre: Radamel regresaba bien para abrir espacios, y para irrumpir la marcación en bloque; era aún mejor para empujar a los centrales y activar a segundos-receptores.

Dentro del área, sin embargo, deslumbró. Falcao relataba leyendas: En el primer gol, con un cabezazo a distancia que se encarnó como un suspiro junto al vértice de la escuadra; en el segundo, con un giro sobre su propio eje que esquivó la inercia. Para el tercer tanto, Falcao aparta con el tríceps a un desesperado defensor antes de bajar la pelota en el área chica con su hombro derecho -fácilmente, despreocupado, como si la tierra en la que apoya se aferrara a él con soldaduras de bronce-. Como un coloso entre los míseros mortales.

Bacca y Ramos se vieron fuera de sus condiciones

Si hay algo que hizo bien la última línea de cinco hombres de El Salvador ante el ataque posicional cafetero fue reducir el espacio: detalle que le pasó factura a Carlos Bacca en el primer tiempo y a Adrián Ramos en el segundo. Al del Sevilla le cuesta el giro en corto, y el despliegue de Santiago Arias le dificultó la realización de diagonales. Al del Dortmund, la cercanía entre piernas del cerrojo le impidió activar su fabulosa capacidad de anticipación. Jackson Martínez, bastante adelantado, tuvo poca participación; y quedó picando la recurrente insinuación implícita de que el mejor acompañante para Radamel es el que no jugó: Teófilo Gutiérrez.

One comment

  1. El control orientado de Falcao en el tercer gol -descrito de forma fabulosa por Jairo, dicho sea de paso- es una cosa demencial. Y cómo se mueve en el área para el primer gol. Es que es un delantero que vuelve vistosas y espectaculares cosas que no se valoran popularmente. Sus desmarques son tan deliciosos a la vista como cualquier caño. Es una locura.

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