Si el fútbol no fuera un deporte sino un espectáculo, Edwin Cardona sería el mejor futbolista de la liga colombiana. Todo el escenario está montado para que así sea. El joven jugador de Nacional es un showman, un mago de la puesta escénica y un irreverente de esos que tanto gustan en el arte. Su fútbol está lleno de artificios, de trucos de hechicería y artilugios de recordación. Desde el gol imposible en el momento delicado hasta la expulsión irresponsable en el momento menos indicado. Cardona es un futbolista que divierte, que crea memorias, no sólo por lo que hace con el balón sino por su personificación de “Enfant Terrible”, de genio irreverente y crack bohemio.

Edwin Cardona es una de las estrellas de la liga

¿Es así? ¿Es Cardona un futbolista de excepción al que sus recurrentes episodios de indisciplina, su personalidad rebelde, su peinado estrafalario, su aspecto regordete, lejos del de un profesional promedio, le impiden tener regularidad en sus milagros? ¿Tiene un talento de elegido? La mitología formada a su alrededor recuerda a la de Mario Balotelli, de quién Manuel Jabois dijo un día que no era tan bueno para estar tan loco. El fútbol puede dar espectáculo, pero su esencia primaria es la de un deporte de competencia. Examinado desde ese ángulo, su juego dista del de una verdadera estrella. Quizá la mejor definición posible sería esa que suele aplicarse a futbolistas de increíbles condiciones y habilidad, pero que por una razón u otra no producen fútbol de quilates: Cardona no juega fútbol; Cardona hace jugadas. Y que no se entienda esto como una duda sobre su nivel, que sin duda está para tener oportunidades en selección Colombia, ni mucho menos. Lo mismo se ha dicho de gente como Rivaldo o Zlatan Ibrahimovic.

Cardona llega a la selección Colombia para aportar una cualidad que quizás ya está cubierta por gente que, además, hace un montón de cosas más, pero no se puede decir que su convocatoria sea injusta. Durante los últimos nueve meses, el mediapunta verdolaga ha demostrado una regularidad imposible de obviar a la hora de generar ocasiones de gol por sí mismo ante rivales de máxima exigencia. Su técnica, su regate, su disparo y su personalidad han salvado infinidad de veces a su equipo. Cuando el fútbol no fluía, Osorio acerca a Cardona a zona de definición y el jugador responde con situaciones de gol. Es simple y no pide mucho más que recibir en ciertas condiciones que él, como individuo, no sabe fabricarse, pero que en contextos de todo o nada, los rivales regalan. Si recibe de cara a portería, es un peligro. Un futbolista capaz de armar jugadas de gol de la nada, es un regalo para muchos entrenadores: aunque resta fútbol, puede acercar al gol.

Su fútbol no es colectivo, pero como individualidad es muy desequilibrante

Su rol en el seleccionado parecería ser aquél que Pékerman había reservado para Cuadrado hace dos años. Revulsivo difícil de parar cuando no es la primera espada del equipo. En un conjunto que contará con generadores de atención de la talla de Falcao o James Rodríguez, Cardona disfrutará de libertades que en otro lugar no tendría, y, sin obstáculos, podrá sumar todas sus virtudes sin que sus defectos interfieran con el funcionamiento colectivo. No es un genio ni nada parecido, pero Pékerman puede sacar petróleo de sus innegable habilidad.

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