Ante la jubilación de Mario Alberto Yepes y las malas decisiones de Carlos Valdés, han quedado dos cupos disponibles para ocupar la zaga central tricolor. Una de ellas, al menos por ahora, será ocupada por Jeison Murillo (Cali, 27 de mayo de 1992), un central que desde los 19 años se viene consolidando en el fútbol español, en esta ocasión con el olvidado pero histórico Cádiz C.F. en Segunda B –tercera categoría–.  Tanto fue así que su gran nivel lo posicionó por delante de un experimentado como Alexander Goikoetxea y lo consolidó de titular al lado de Pedro Baquero.

Desde el penúltimo Mundial sub-20, es decir, el disputado en tierras colombianos, ya venía Murillo dejando premoniciones de lo que podría ser en un futuro. Y eso viene ocurriendo, paso a paso. Primero consolidado en el Cádiz, luego en otro histórico como Las Palmas, y ahora en el Granada. Para más inri, en el Granada fue el único indiscutible la temporada 2013/14 entre Diakhaté, Mainz y él; ahora hace dupla con el francés Babin.

Murillo es otro cuya personalidad es encomiable

Uno de los pluses de Jeison Murillo, desde su participación en categorías inferiores de la tricolor, es su personalidad. Demuestra mayor madurez de lo que establece su documento de identidad. Transmite sobriedad y una seguridad brillante en todo lo que lo define como un marcador central para marcar una era, tanto con Colombia como en el balompié internacional.

Para las pretensiones de Pékerman del buen trato del balón y que todo el juego empiece con un primer pase limpio a un primer apoyo clarividente, el caleño es ideal. Posee una salida con balón bastante elegante, como también entiende el juego desde el primer toque para evacuar presiones y no rifar fácilmente el esférico con envíos largos o pases exigidos. Sus pases largos vienen con un exposímetro en el pack. Sin embargo, por momentos, se llena de confianza y se fía mínimamente de la presión rival. Por ende, termina rifando pérdidas peligrosísimas y ocasiones puntuales. Es más un tema secundario que propiamente técnico.

El uno contra uno, su mejor habilidad

Otro punto alto viene de la identificación de jugar a campo abierto o cerrado. En campo abierto, sin ser rapidísimo, es inteligente para correr hacia su arco y se caracteriza por ser un central ‘tiempista’ y que cubre la zona, mas no al jugador con el balón. En campo cerrado es donde más cómodo se siente, porque no tiene que ir sobre el ritmo impuesto por el rival, y fácilmente, se impone en su mejor faceta: el uno contra uno. Es un central más estático que prodigio del anticipo.

Quizás uno de los trabajos donde más ha mejorado ha sido en el juego aéreo. Al principio, en el Cádiz, era endeble y los contrincantes se oponían con facilidad, como Joselu Sanmartín, Álvaro Morata, Antonio Sánchez de la Calle y demás. Pero, poco a poco, ha venido mejorando y ha sido capaz de ofrecer una seguridad en este indicador. Es fuerte en ambas áreas por su salteo, pero su posicionamiento no es estándar. A ver si termina de convertirse en un peligro inminente para las jugadas de estrategia a la par de Pedro Franco, como la pareja Miranda-Godín en el Atlético de Madrid.

Merecida convocatoria la de Jeison Murillo, que a partir de este llamado sea un punto mayor de inflexión y se termine consolidando en cada uno de los listados del argentino José Néstor Pékerman. Stefan Medina, Éder Álvarez Balanta, Pedro Franco y Jeison, los centrales del hoy y del mañana. Y él, además, el mandamás.

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