General Díaz puso marcha en el Feliciano Cáceres con la determinación del soldado que, presintiendo una fatal emboscada, permanece dispuesto a defender su posición por pura inercia. La orden era clara: jugar para no dejar jugar — y vice-versa; sellar todo enlace y carril por el cual Atlético Nacional pudiera generar coherencia. El achique era constante y voraz, y la condición física de sus jugadores lo facilitaba. ¿Fútbol total? No. ¿Guerra total? Absolutamente.

Nacional alineó, como en la ida, con un 4-2-1-3 con Edwin Cardona como eje de toda la gestación ofensiva. Con Wilder Guisao y Jonathan Copete a los costados de Santiago Tréllez, el cuadro verdolaga no escatimaba opciones ofensivas. El ataque posicional, por supuesto, era un arma clave, pero con las líneas de volantes del conjunto paraguayo — parado en un 4-2-3-1 — enfocadas en dificultar la salida de sus defensores, Nacional hallaba sobre los primeros 20 minutos bastante espacio en el medio-terreno para contragolpear y encontrar a sus futbolistas más rápidos.

Edwin Cardona cambió todo para bien y para mal

Al minuto 25, Edwin Cardona recibió un pase en el medio del campo y fusiló impresionantemente desde antes de tres cuartos para poner el 1-0. Cinco minutos más tarde, ya había sido expulsado. Una segunda tarjeta amarilla, irresponsable y producto de la ansiedad, dejó a Nacional con 10 hombres y parado con el mismo esquema. El conjunto verdolaga aún necesitaba un gol, y solo lo buscaba a punta de pelotazos a los delanteros. Tréllez no ganaba ni una.

Mientras tanto, Alberto Contreras comenzaba a soltarse más entre los mediocentros de Nacional, y el dinamismo de Roberto Gamarra comenzaba a parecer insostenible. Al minuto 60, un costado derecho verdolaga que venía siendo percutido incesantemente por el vertiginoso Blas Cáceres finalmente cedió y los paraguayos encontraron el hueco para empatar. Nacional, con 10, necesitaba dos goles.

Osorio manejó cada momento a la perfección

Pero Juan Carlos Osorio, arrodillado junto a la raya lateral con libreta en mano, no estaba tan anonadado como parecía. Y rápidamente reaccionó. Alejandro Guerra entró por Jonathan Copete para enlazar — para que los muchos balones que encontraban a Bernal y Mejía tuvieran un canal por el cual desplazarse hasta los atacantes. Era simple. Y era todo lo necesario. Farid Díaz recibió entonces libertad absoluta para proyectarse ofensivamente por izquierda, aunque él era solo un anzuelo. El enfoque de Nacional sería Wilder Guisao — y éste empezó a recibir. En una de esas, el antioqueño, partiendo de la derecha y con una corrida impecable, eludió a dos rivales para poner un sensacional 2-1.

General intentó mantener su presión, pero Guerra, saliendo pocos metros delante del doble pivote, comenzaba a volverse una fuerza incontenible. Se asociaba en corto y habilitaba en largo, pero siempre hacia adelante — y siempre correctamente. Comenzó a ser evidente entonces, que con el venezolano en campo, dejar espacio frente a la línea defensiva no era viable, por lo que los 11 futbolistas del cuadro paraguayo retrocedieron detrás de la línea del balón. Y una vez más, Osorio reaccionó. Con espacio en su propio terreno, se dio el lujo de formar una línea defensiva de tres hombres bastante estirada y de meter a Sherman Cárdenas como carrilero izquierdo para que agilizara los movimientos de ataque.

Durante los últimos 10 minutos, Nacional se convirtió en una pieza de artillería que, aún incompleta, desarmaba fácilmente las paredes del rival. Finalmente, al 89’, fue Tréllez quien, tras dos cabezazos de sus compañeros en el área rival, anotó el 3-1 (3-3) definitivo. General Díaz no tuvo vida para más. Nacional, ya clasificado, no tuvo tiempo.

One comment

  1. No pude ver el partido, pero por lo que veo Guerra fue algo así como un Modric en Old Trafford en la vuelta de octavos UCL 12/13. Qué bueno sería que fuera más constante.

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