La Equidad, con una imagen muy distinta a la mostrada en las primeras 7 jornadas del campeonato con Néstor Otero, superó al líder Once Caldas en casa. De forma irrevocable, la mejor versión del conjunto asegurador en lo que llevamos de la Liga Postobón II-2014. Un equipo rocoso en defensa, simétrico en la idea y movedizo en el frente de ataque. Esa movilidad que tanto le costó a Once Caldas frenar y que los incomodó de principio a fin.

La Equidad sorprendió al Once Caldas con su transición defensiva

El equipo asegurador arrancó el partido en 4-4-2 asimétrico con Battiste y Valencia en el doble pivote, Palacios por izquierda y Nájera de mediapunta. Es decir, ningún efectivo por banda derecha con el fin de mostrarle todo el carril a un siempre profundo y eléctrico Hinestroza. La idea, aparentemente, desde el inicio por Faber López era no dejar desplegar cómodamente a su rival y situarse en campo propio bajo un bloque bajísimo. Sin embargo, la idea no radicalizó del todo.

López pasó al 4-4-2 en rombo con Battiste, Valencia y Palacios en la base medular y más adelante Nájera para hilvanar entre líneas. A partir de ese momento, promediando los 15-20 minutos de juego, la Equidad se hizo aun más superior. Sujetó el mediocampo, liberó a los laterales y el ataque tomó otro camino con mayores efectivos. Pajoy permitía desplegar y armar ofensivamente con sus recepciones, y Cuesta, por su parte, hacer correr a los suyos sobre el pórtico defendido por Cuadrado. Los locales acentuaron la idea con comodidad y a partir de allí llegaron los 2 goles en la segunda parte.

Once Caldas nunca pisó campo rival con íntimo peligro. La verticalidad, profundidad y pérdidas que ofrecían lejos de área propia tanto Arango como Romero no se dieron en absoluto. Inoperantes en todas las líneas y previsibles con la pelota, sin la Equidad asignar una presión intensa y alta ante la salida manizalita. Torres propuso tener la posesión con Henao, Giraldo y Díaz y a partir de ahí construir todo, pero la Equidad jamás lo dejó, porque pasaron de dominar campo propio a dominar la zona donde más circula la pelota y donde se gesta, prácticamente, todo: el centro del campo. Después ser del todo verticales en el frente de ataque con Palomeque, Arango y Culma, pero la dinámica era igual de espesa y negativa.

Johan Arango no pudo sumar como de costumbre al ataque blanco

Un escenario de inequidad sorpresiva y donde José Flabio Torres jamás quiso estar. Y donde su panorámica perdida y desolada exponía todo lo que sentía: desazón. Un blanco-blanco que venía trasmitiendo sensaciones extraordinarias y con matices de equipos europeos (achique de espacios, defender bajo dos bloques, etc.), pero que en Techo se vio maniatado por el colista. Sí, el colista.

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