Todo en El Dorado colombiano tuvo visos de clandestinidad. No en vano fue el producto de la unión singular entre el fútbol rioplatense y la liga colombiana como pareja de amantes prófuga y en permanente estado de irregularidad. Una suerte de Bonnie & Clyde deportiva aunque también aquí hubiese tiros. Las funciones de galán las desempeñaron los 57 jugadores emigrados a raíz de la gran huelga de futbolistas argentinos de 1948. Una protesta que actuó a modo de réplica sísmica de la que se había producido en el 1931.

Como consecuencia de la división del fútbol argentino, la liga colombiana importó varias estrellas rioplatenses

Durante aquella crisis original del ’31 la competición argentina se vio dividida en dos. La Liga Argentina de Football (LAF), que apostaba por el profesionalismo sin pase libre, y la vieja Asociación Amateur Argentina de Football (AAAF), que aceptaba liberar los pases de los futbolista y que además contaba con el reconocimiento de FIFA.

Pese a que la principal razón esgrimida por el gremio de deportistas para iniciar la revuelta fue precisamente la libertad de pase, los jugadores de mayor relevancia escogieron formar parte de la LAF, que era la competición formada por los clubes de mayor caudal social, ergo los económicamente más poderosos.

Y es que, aunque de cara a la galería, los futbolistas habían iniciado la huelga para acabar con las llamadas “cláusula cerrojo”, que les dejaba dos temporadas sancionados si cambiaban de club sin el permiso de la entidad de origen, el motivo oculto siempre fue la mejora de las condiciones económicas. Si los jugadores deseaban el pase libre era porque con el amateurismo “marrón” o profesionalismo encubierto los pases se compraban, y de ese traspaso ellos cobraban una parte o recibían una prima de fichaje, que podía llegar a suponer una notable cantidad. Habida cuenta de que no podían referirse en sus reclamaciones a la irregular situación resultante de poder cobrar por una actividad supuestamente amateur, los huelguistas hablaron de “el respeto a la libertad como seres humanos” (Hugo Settis, capitán de Huracán), así como del deseo de poder “jugar en el club de sus simpatías y conveniencias”.

Razones de todo tipo, desde económicas a sentimentales, fueron esgrimidas por el colectivo de futbolistas

Lo que nunca hicieron los futbolistas fue pedir el profesionalismo, eso ni tan siquiera lo debatieron dentro de sus asambleas. Seguramente porque el profesionalismo tenía mala fama entre el público. Se temía que con su llegada finalizaría el fair play. Impresión a la que había contribuido la mala imagen que habían dejado en sus visitas los conjuntos profesionales ingleses. Estos habían sido muy criticados por su brusquedad y por no ofrecer un espectáculo acorde con su salario.

La huelga terminó cuando la Asociación Amateur (AAAF) fue abandonada por la quincena de clubes más poderosos, decididos a constituir un campeonato profesional más privado y lucrativo. Solo entonces, cuando ya estaba todo perdido, aceptaron capitular los 23 restantes a las peticiones del gremio de futbolistas. Amnistía total para los jugadores del equipo nacional -que por secundar la huelga se habían negado a disputar un partido contra la selección paraguaya en Asunción- y abolición de la cláusula candado. Los jugadores se consideraron vencedores del conflicto, pero paradójicamente acabaron firmando por el campeonato que mantenía la clausula restrictiva.

Dado que la LAF había quedado fuera de la FIFA durante la disputa, puesto que esta solo reconocía como legítima a la Asociación Amateur, se dio entrada a un nuevo escenario con algunas ventajas accidentales. Por primera vez no había que llegar a un acuerdo con ninguna institución, así que los equipos se organizarían a la hora de reconstruir sus plantillas de acuerdo a sus posibilidades. Esto propició sonados pases como el de Peucelle a River por 10.000 pesos, cantidad que percibió el jugador como prima por su llegada al “profesionalismo”. Además, no teniendo compromisos con FIFA, es decir, con otras federaciones, los equipos podrían contratar jugadores extranjeros sin precisar de ningún tipo de aprobación internacional. Lo que constituía un mercado de contratación verdaderamente muy flexible.

La liga se benefició de la falta de control por parte de la FIFA

La situación de ilegalidad ante la Federación Internacional duró poco, puesto que las dos entidades argentinas se reunificaron en 1934 creando la actual AFA. Así que el episodio trajo principalmente la purga de las sociedades menos competitivas y el blanqueo de la contabilidad de los clubes, que hasta esa fecha debían de maquillar los pagos a los supuestos amateurs en su contabilidad, así como realizar prácticas tan poco éticas como adjudicarles un supuesto empleo en el sector público o privado, al que estos no precisaban acudir, pero que si justificaba ante la ley la existencia de un salario.

Los vínculos establecidos entre la patronal y el Estado se fortalecieron y en pro del espectáculo llegaron los créditos que ayudarían a la construcción de mayores estadios deportivos. Paulatinamente Argentina empezó a vivir en una fiesta deportiva en la que, si bien no todo era fútbol, si que el deporte rey alcanzó una preeminencia importante, con los habituales éxitos de la selección nacional como divisa. Durante la década de los ’40 la albiceleste disputó cinco finales consecutivas del Sudamericano y solo cayó derrotada en Uruguay y ante el equipo local. El combinado conquistó los campeonatos de 1941, 1945, 1946 y 1947 en lo que alguna vez se llamó el ciclo o la década de las luces. Sin embargo las tensiones sindicales de 1931 no habían desaparecido con la implementación del profesionalismo.

El pase seguía siendo propiedad del equipo, pero no existían garantías de cobro. Sobretodo para aquellos jugadores que laboraban en sociedades de poca entidad o que carecían de un prestigio personal que supusiese una fuerza a la hora de negociar. Así que 13 años después de la huelga que llevó a los disidentes a marchar hacia la Casa Rosada para entrevistarse con el general golpista Uriburu, nació la asociación de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA). Prácticamente en la misma fecha en la que se vieron los pródromos de lo que luego cristalizaría como El Dorado colombiano. Diecisiete jugadores abandonaron la República Argentina en dirección al fútbol mexicano, entre ellos estaban José Manuel Moreno y Bruno Rodolfi, dos titulares de La Máquina de River. Poco antes (1942) había abandonado el campeonato el incomparable Antonio Sastre, aunque esta vez en dirección al fútbol brasileño. Pese a que ya era veterano su marcha acabó teniendo sabor de pase del testigo. Oswaldo Brandao, técnico brasileño y campeón paulista de 1947, diría de “El Cuila”: – “Ele é o homem que nos ensinou a jogar futebol”.

(I) Bonnie & Clyde in a football grass

(II) La lucha continúa

(III) Un pasatiempo clandestino

(IV) Los pioneros argentinos

(V) El sello inconfundible del verdadero deporte


One comment

  1. Impresionante lo de David Mata. Para los que no lo conocen, es el autor de “Filogénesis blanca”, una obra en vías de terminarse que comenzó como un intento de hacer una especie de árbol genealógico del Real Madrid de las cinco copas, pero que terminó siendo un universo extendido e imperdible de la historia del fútbol. “El Dorado” es uno de los mundos que constan en dicho universo y yo no conozco a nadie que sepa más sobre el tema que David Mata. Su grado de implicación en el estudio de la historia del fútbol, sobre todo de esa primera mitad del siglo XX, lo ha llevado incluso a aprender idiomas distintos al español para documentarse. Es, de verdad, un artista.

    Pasando al tema en cuestión, la metáfora es bellísima. Sé de primera mano que David es un fanático de los westerns y el hecho de hacer de El Dorado uno habla ya del lugar en el que pone esta época central de nuestro fútbol. Para que exista una idea, es como si a día de hoy, la Premier, la liga y el Calcio entran en huelga y las grandes estrellas del balompié europeo terminan en Colombia. En aquella época, el fútbol argentino era el gran dominador del panorama mundial. No sólo a nivel de clubes y jugadores, sino de innovación táctica -lugar que luego tomaría Hungría-. La Máquina fue el mejor equipo de la primera mitad del siglo XX con mucha seguridad. Un equipo, ojo, en el que el novel Alfredo Di Stéfano era suplente. De hecho, la base del Ballet Azul de Millonarios está en esa Máquina, con Rossi, Pedernera que era un delantero que hoy incluso nos parecería moderno – Mata lo comparó el otro día con Benzema – y Don Alfredo.

    Pasando un poco por el artículo, la frase final tiene su aquel. Un argentino, Antonio Sastre, que era una suerte de “Cruyff”, por lo que se dice, -Menotti dice que fue el mejor jugador que vio en su vida-, fue el que enseñó a jugar fútbol a los brasileños ni más ni menos. (Respecto a este tema, recomiendo la serie de Mata llamada Fútbol Mulato). Y es que la cantidad de historias de esa época pre-Dorado del fútbol argentino son increíbles. La delantera de Independiente la completaban Erico (Invito a leer esto: http://mesadelfutbol.blogspot.com/2009/07/cuando-el-hombre-tiene-alas.html) y Vicente de la Mata, autor de un golazo a River que llamaron “El Capote”. No estaría de más nombrar a la ‘Chanca’ Seoane, goleador del Sudamericano de 1925, figura de un fútbol amateur y lírico… en fin.

    Aplaudir nuevamente a David.

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