Sobre 15 minutos al Junior de Barranquilla le habían anulado dos goles y a mí el partido me traía recuerdos del Junior de Teo y Bacca del 2010. Quizá era porque el bloque rojiblanco hacía énfasis en el robo adelantado, ejerciendo una presión alta sobre el carril central enfocada principalmente por dos mediocentros bastante libres. Pero no lo sé. Tal vez, era simplemente la visión de la peluca blanca de Julio Comesaña sobre la raya lateral, o la imagen de las medias cortas de Giovani Hernández deambulando por el Metropolitano.

El equipo parece empezar a entender la idea de Comesaña

En casa y ante el Uniautónoma FC, su recién-nacido rival, el Junior deja un partido importantísimo para el proceso que supuestamente intenta armar. Para Comesaña, es crucial: por primera vez en este torneo el equipo parece entender su idea. Claro está, es un idea todavía general, rústica y, sobre todo, especulativa. Pero existe, y el domingo, exigida, consiguió estirarse para sacar un necesario resultado.

Regresando al tema de antes: Junior en la primera parte, como aquel Tiburón del 2010, alineaba en un 4-2-3-1, en el cual, los dos mediocampistas centrales, Jhonny Ramírez y Luis Narváez, gozaban de la libertad para adelantarse sin balón y hacer todo por anticipar en un espacio central merodeado por Maicol Ortega — un epicentro crítico para robar y gestar rápidamente. Para protegerse de las grietas que pudiese dejar la falta de movilidad o consistencia de su número 10, Comesaña ordenó a sus dos extremos, Vladimir Hernández y Juan Guillermo Domínguez, a achicar sobre el centro para generar un bloque compacto.

Más adelante e iniciando en punta, Luis Quiñones estaba intratable. Sobre la primera media hora. el sistema de robo funcionaba y las corridas al espacio del atacante le dieron al mismo la oportunidad de marcar dos veces sobre el primer cuarto de hora, a pesar de que ambos tantos fueron anulados por supuesto fuera de lugar. La propuesta no disgustaba.

Junior hoy sí supo reaccionar

Sin embargo, lo más interesante para el conjunto rojiblanco, vendría después. Antes de que finalizara el primer tiempo, un error de Sebastián Viera en una jugada a balón parado le regaló un gol a una Uniautonoma hasta ahí bastante insípida. Entonces, empezando la segunda parte, Junior sacó lo que le había faltado a lo largo del torneo: reacción.

Jorge Aguirre y Jarlan Barrera salieron del banquillo a desembocar un potencial que se venía retroalimentando. El primero tomó su sitio en el costado derecho, mientras que el joven de 18 años se posicionó en punta, para que Luis Quiñones se retrasara al carril izquierdo. Los dos extremos se abrieron hasta las bandas, la línea defensiva se adelantó hasta la raya de la mitad, y los laterales se tomaron libertades para atacar por dentro y por fuera.

Jarlan Barrera se proyecta como un gran futbolista

Sobre 10 minutos del segundo tiempo, el cuadro tiburón ya había remontado y ganaba 2-1.

Las palabras se quedarán cortas en este espacio para explicar el partido de un Jarlan confiado e irradiante, técnico en el pase, y sagaz en sus movimientos con posesión. Serán cortas también para hablar de un Luis Quiñones, que se opuso a la turbulencia mediática con explosiones de velocidad y genio por una banda, del golazo de Juan Guillermo Domínguez, o de la lucha de Jorge Aguirre prácticamente en todas partes del campo.

Bastará la tinta digital, sin embargo, para destacar lo que queda claro: En Junior hay un trabajo base cocinándose — un sistema vertiginoso, dominador e interesante, que aún no está definido pero que comienza a definir conceptos, y éstos funcionan. En estos momentos Comesaña se protege, no toma riesgos — es normal. Es lo que se hace cuando se trabaja para largo plazo. Avelino armó un equipo el semestre pasado. En éste busca armar un proceso.

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