La pugna entre Nacional y Medellín parecía muy equilibrada. La presión aguda era la fundación de ambos. La oposición del uno sobre el otro era tal que no había espacio para expresiones propositivas claras. Si acaso se jugaba un poco más en campo de Nacional, fue porque el triángulo de posesión entre Marín-Marrugo-Mena hacían parecer a Alejandro Bernal un espectador. El DIM era imponente al interior. El pivote Córdoba-Hernández cumplía con su obsesión de anular la recepción entre líneas de Cardona y Cárdenas.

Edwin Cardona y Sherman Cárdenas permutaron sin cesar

Medellín dominaba a su carnada en el interior. Al exterior, la carnada era inalcanzable y fue allí donde huyó Sherman Cárdenas. La supremacía del DIM se desvanecía mientras Nacional evidenciaba sus flaquezas. Vladimir Marín y Gilberto García no son precisamente impenetrables. Su espalda origina las pesadillas del DIM. Si en principio Cardona y Cárdenas eran carnada, sus intercambios permanentes resultaron ser depredadores del Alcatraz.

Luis Carlos Ruíz anotó el 1-0 y el DIM se extravió en la impotencia. Cárdenas y Cardona canjeaban su posición una y otra vez sin que el DIM pudiera escudarse. El control de Sherman Cárdenas obligó al Medellín a apelar a la materia que menos domina: el contragolpe. Sólo hasta que pasó a jugar con 3 atrás, el DIM fue más reconocible. Para infortunio suyo sucedió muy tarde y no le alcanzó para el empate.

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