El primer clásico del año fue un partido redondo para Millonarios. La escasa distancia entre sus líneas dejó escuálido a aquel reconocido ávido de espacios: Omar Pérez. Sin el 10 hallando espacios desde los cuales coordinar sus patentados avances en bloque, el suyo fue un equipo dócil e inofensivo. El 0-1 a favor de Millonarios se quedó corto para reflejar la tiranía táctica del encuentro.

La distancia respecto de aquel clásico no sólo es de tiempo pero de forma. Han pasado 7 meses y ha llegado un nuevo entrenador. Gustavo Costas propone formas distintas. Su Santa Fe dista de ser aquel equipo que fusionaba todas y cada una de las cualidades de Omar Pérez, a saber: la apuesta decidida por el balón parado, los ataques en bloque y la defensa mediante prolongadas sucesiones de pases o la detención del juego clamando alguna falta a favor. En todos los escenarios mencionados, el 10 era el protagonista.

El sello distintivo de Santa Fe ya no es el pase, sino la velocidad

Pero llegó Costas y todo fue revolución. Su gran logro ha sido el haber superado una cierta “Omar-dependencia”. Si para anular a Santa Fe bastaba con anular a Pérez, actualmente el equipo compite desobedeciendo al estilo de su capitán. Ahora Santa Fe no ve problema en defenderse sin balón, siempre y cuando los repliegues sean veloces y efectivos. Los ataques ya no son estáticos. Ahora los que corren van tan rápido como el balón. Santa Fe cuenta con 3 desmarques distintos pero igualmente agresivos. Medina se desmarca para desarticular la defensa rival mediante un pase inmediato; Morelo lo hace para apoyar al lateral y generar superioridad en las bandas; Cuero lo hace a espaldas de los rivales para penetrar en el área.

En vísperas de una nueva edición del clásico capitalino, el argentino tiene a su disposición una buena baraja de desmarques para seguir brillando como pasador. Aún así, el 10 ya no es más el portador de identidad, sino un rebelde en un entorno que le resulta extraño. Omar Pérez pasó de ser abanderado a subversivo. Eso sí, entre tanto automatismo, un rebelde siempre es necesario.

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