Era el momento de recordar aquella llegada esperanzadora de Hernán Torres al DIM, uno de los entrenadores más especiales de la última época en el fútbol colombiano. Una llegada que despertaba sonrisas de oreja a oreja entre los hinchas poderosos tras la destitución del pragmático Pedro Sarmiento. La directiva apostó abismalmente tanto por el cambio generacional como filosófico. Una cosa utópica en el DIM tras Hernán Darío Gómez, Leonel Álvarez –de la escuela de Maturana y Bolillo–, y demás.

Lo vetusto afuera y lo lozano adentro: empezó Hernán Torres su andadura en el poderoso. Al principio, como en la música, desentonaban más de lo que armonizaban, por ende, había mínima sincronización, y la desazón futbolística era profunda. Equipo trabado y, sobre todo, expuesto físicamente. El desgaste mental y funcional era claramente notorio, porque plantilla y nivel para competir y entrar a los ocho había de lleno con Amílcar Henríquez, Giovanni Hernández, Yulián Mejía, Marco Pérez y compañía. Sin embargo, la zona de confort prevalecía y no había confianza.

Para encarar el segundo semestre, Torres decidió renovar la plantilla. Sin Amílcar Henríquez, Giovanni Hernández, Yulián Mejía y Marco Pérez, llegaron Diego Amaya, Vladimir Marín, Christian Marrugo, Daniel Hernández y Elton Martins. Probablemente, para caer como solera al equipo y recuperar posiciones flojas. Parecía Torres dejar su instinto ‘tímido’ y guiarse en Sierra, su asistente: el berrear para crecer. Tanto Amaya, Marín y Marrugo no venían de destacar en el Cali, pero él conocía su potencial y los tomó como sus juveniles para recuperarlos y volverlos a sentir importantes.

Hernán Torres ha logrado un equipo polivalente

En lo táctico, la evolución y la polivalencia del DIM son fundamentales. El equipo viene funcionando, usualmente, bajo el 4-4-2 torre, pero en transiciones defensivas se arma a través de un 4-2-3-1 en un bloque compacto adaptándose a la altura del rival. Es decir, miden a los delanteros contrarios y de ahí en adelante sincronizan el posicionamiento alto, medio o bajo. Yorleys Mena y Daniel Hernández, los sacrificados a bandas en el desplazamientos del 4-2-2-2 al 4-2-3-1.

Hernán Torres es un sabio del fútbol colombiano y socava a profundidad partido a partido. Entiende cuándo salir con el 3-4-2-1 o 3-4-1-2. La realización de este módulo táctico se empeña en equipos flexibles y dinámicos en el frente de ataque. Por ejemplo, Once Caldas, Santa Fe y Deportivo Cali. Ante equipos estructurados en faceta defensiva y que con un mismísimo pase o envío largo son capaces de hacer de una zona muerte la más fuerte, la defensa de tres con el apoyo de Jherson Córdoba, más el retroceso de Gilberto García y Vladimir Marín/Luis Tipton se hace trascendental para no sufrir.

Crece el dominio del balón y crece el DIM

El resurgir de Cristian Marrugo, la capacidad asociativa de Daniel Hernández, la mezcla en ataque de Yorleys Mena y los goles de Germán Ezequiel Cano son una contemplación al espectáculo. El poderío ofensivo está siendo crucial para la intimidación del contrario, y marcar un estilo y protagonismo inicial. El DIM alcanza, en promedio, casi el 60% de la posesión en la Liga Postobón II-2014. Cifra que se opone a etapas anteriores, donde el equipo prefería otorgar el dominio y apostar al juego directo y rápido con Felipe Pardo, William Zapata, Cléider Alzate, Marco Pérez y demás jugadores.

Por último, el punto más alto aparece bajo el doble pivote con Jhon La Goma Hernández y Jherson Córdoba, más Cristian Restrepo de revulsivo. Ninguno es un ‘5’ nato, pero Torres los ha sabido llevar y les ha encomendado intercambiar roles con el de ‘box-to-box’. Generalmente, Jherson Córdoba es el mediocentro posicional, encargado de ser el primer pase, abrir en banda y apoyar, así como hacerle llegar los balones a los conductores: Marrugo y Hernández.

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