No hay ciclos eternos en el mundo del fútbol. Sólo es perpetuo el universo y ni siquiera estamos seguros de ello. Los equipos de fútbol llegan a su fin sin previo aviso y las razones son variadas. La mente y las piernas no responden de la misma forma, los jugadores y el colectivo dejan de hacer cosas que antes sí y la dinámica se vuelve enfermiza, casi como de ahogamiento. Atlético Nacional dominó el fútbol colombiano con una mano de hierro que no se veía hace mucho tiempo. El último tricampeón fue el América del médico Ochoa, triplefinalista de Copa Libertadores. Hace tan sólo unos meses que el equipo de Juan Carlos Osorio se perfilaba entre los favoritos para ganar la Libertadores después de eliminar al entonces vigente campeón, y hoy su presente es funesto, incapaz de hilar victorias en el torneo local y casi vapuleado en su casa por el General Díaz paraguayo.

El ciclo triunfal de Nacional puede estar en sus últimos momentos.

Más allá de las razones místicas que puede haber en el decaimiento de un equipo que ganó todo en Colombia, sobreponiéndose al feroz calendario y a la baja de su estrella, Macnelly Torres, hay motivos tácticos muy importantes detrás de los malos resultados y el mal juego. El Nacional que ideó Osorio, aun con las rotaciones muchas veces extremas del adiestrador, era un equipo que sin importar cual fuese su dibujo repetía un número de rutinas que lo hacían atacar y defender bien. No importaba quién era el rival, Nacional sabía que si encendía su máquina colectiva iba a a generar jugadas de gol e iba a estar bien parado cuando retrocediera. La principal seña de identidad era una riquísima salida de balón orquestada a tres alturas distintas por Stefan Medina, Alex Mejía y Sherman Cárdenas. El equipo verdolaga era casi infalible ante la presión porque ocupaba todo el ancho del campo y lo activaba gracias al golpeo de esos tres jugadores. Si el rival marcaba a sus jugadores exteriores, entonces Stefan salía conduciendo; Mejía batía líneas de presión con un pase vertical a Sherman o a Cardona; y Sherman creaba líneas de pase para el central y mediocentro, además de eliminar rivales con su conducción. Así, Nacional encontraba remedio ante presiones altas o bloques bajos, creando espacio para que sus hombres de ataque sacaran de la chistera ocasiones de gol. Edwin Cardona se convirtió en uno de los hombres más resolutivos de América, en parte, gracias al trabajo que hacía Nacional antes de que el balón le llegara.

Con la venta de Stefan Medina, la ausencia casi sempiterna de Alex Mejía por compromisos internacionales y el bajo nivel técnico que está lastrando el juego de Sherman, Nacional se quedó de repente sin fútbol. Ahí siguen varios apartados del esqueleto táctico: siguen buscando ocupar muchísimo espacio a lo ancho y a lo largo, tratan de salir jugando desde atrás, Sherman sigue creando líneas de pase constantemente, los laterales siguen subiendo mucho al ataque, etc, pero Nacional no crea ventajas. Osorio ha intentado agitar con Bocanegra y Pérez en el mediocampo, con Alejandro Guerra ayudando en tareas de creación e incluso, como vimos en el partido de Copa, con los laterales ocupando en el área. Ninguna de las soluciones planteadas ha funcionado. Los rivales cuando presionan tiene un ratio de robo altísimo y si se quedan atrás, saben que el pie de Sherman ya no conecta los puntos alejados. Además, el mal ataque del equipo ha repercutido en el ejercicio defensivo. El equipo paisa transita mal y el nivel de futbolistas que habían estado protegidos por el sistema táctico ha hecho agua. Nacional no sujeta ni roba; tampoco desorienta los ataques contrarios. A poco que el rival tenga precisión y velocidad, el remate a portería de Armani sale muy barato.

Sin la salida de balón de antes, Nacional ataca y defiende mal.

Este callejón sin salida en el que se encuentra el equipo ha puesto a prueba la calidad de Osorio como entrenador. Su capacidad para crear sistemas está fuera de duda, pero no lo habíamos visto en una situación en la que le tócase corregir, romper y crear de nuevo. Incluso los mejores han fallado en casos así, pero Osorio tiene margen de maniobra. Sólo tiene que tumbar los muros para poder escapar y que Sherman vuelva a ser el de siempre, claro, porque al final esto va de futbolistas.

2 comments

  1. ¡Cómo me dolió que la final del semestre pasado no fuese Nacional-Millonarios! Alucinaba con ambos equipos. Sobre todo con Nacional, pero Millonarios tenía a Lillo, jugaba bien, y eso me jalaba bastante ^^. Agonicé viendo el Nacional 5-0 Millonarios de este semestre. Qué nivel más bajo de ambos conjuntos comparado con el de la primera mitad de este año.

    Y también me ardió un montón la eliminación de Nacional en Libertadores. La ausencia de Stefan pesó mucho, y todavía pesa. Ojalá Osorio dé pronto con la tecla. El mejor fútbol de la Libertadores de este año lo puso el verde. El NOB-Nacional es una cosa muy gorda, de verdad.

  2. El mejor futbol de Nacional este semestre, sin duda, ha sido con Guerra de interior. Hablando de ataque posicional. Está calificado para no ofrecer pérdidas y tanto atacar como defender al rededor de la pelota. Es decir, la implicación de pérdida de la posesión peligrosa y bajo la construcción ofensiva es mínima. El único fichaje que incide defensivamente sin ser un central, lateral o pivote como Stefan Medina, por ejemplo.

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