Lo previsible manifiesta la falta de ideas y de ejecución. Sin embargo, a veces serlo y contar con una característica distintiva lo hace gallardo. Ese es Jarlan Barrera. Un mediapuntita de los clásicos, es decir, de los estáticos y de los que participa mucho en juego como un amigo más del balón. La incertidumbre nace cuando realiza lo mismo constantemente: pases horizontales y más pases horizontales. Pero ahí es cuando aparece el mejor Jarlan Barrera con un toque excelso para romper líneas férreas.

Jarlan es un enganche clásico, de los que le gusta relacionarse con los otros mediocampistas y el juego medio.

No trasmite mucho a través de su lenguaje corporal. Sí lo hace con su realización de apoyos, donde es capaz de liberar a los mediocentros de recorrer largos metros con el balón y de ahorrar ese físico para otras labores defensivas. Su implicación defensiva es indirecta pero a la vez significativa. Es capaz, además, de generar líneas de pases a distintas alturas, aunque más efectivas a posiciones retrasadas sobre la línea del balón.

Sus mejores actuaciones y sensaciones parten desde la ubicación interior, improvisado y sin darse cuenta él mismo. Cuenta con un panorama amplio en posición frontal y se siente bastante más cómodo, generalmente, cuando menos presión e intensidad aplican los equipos rivales en esa zona del campo, lo que le implica, por ende, más tenencia de balón. Una zurdita tan exquisita que tiene que pulir matices para empezar a ser desequilibrante y decisiva. Próximamente 19 años, que pueden marcar un estilo de juego y manejar un ataque posicional.


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