Este viernes arranca la segunda parte del proyecto de José Néstor Pékerman en la Selección Colombia, nada menos que en la ciudad en la que todo inició: Miami, Florida. Luego de más de un mes de incertidumbre sobre su continuidad, el entrenador argentino le dio el ‘sí’ a todo el país: se queda hasta 2018. Por el camino habrá una Copa América en Chile, otra en Estados Unidos, y el periplo finalizará con la Copa del Mundo en Rusia. Si Pékerman completa el ciclo, serán seis años los que habrá estado al frente del equipo de los mejores futbolistas cafeteros. Él mismo se encargó de alcanzar el tope de la historia del balompié tricolor luego de un proceso ejemplar a todas las luces. Dos años espectaculares coronados con un quinto puesto en el Mundial de Brasil. Vale la pena rememorar la historia.

Dos Copas América, las eliminatorias y el mundial, los nuevos retos de José Pekerman con la selección Colombia.

A Pékerman lo confirmó la Federación Colombiana de Fútbol un cinco de enero de 2012, y se programó su debut para el 29 de febrero del mismo año. Antes de eso, Leonel Álvarez había sido cesado el 13 de diciembre de 2011 de su condición de técnico interino. El antioqueño quedó con el banquillo de la Selección tras la renuncia del Bolillo Gómez por cuestiones ajenas al juego. Álvarez tomó las riendas del equipo para los tres primeros partidos de eliminatorias. El balance fue de una victoria en La Paz, un empate doloroso ante Venezuela y una derrota ante Argentina (ambos tropiezos en Barranquilla).

Después de casi un mes sin técnico llegó Don José, y desde el primer momento dejó claro su deseo de trabajar en paz, la metodología que iba a implementar, y su intención: clasificar a la Copa del Mundo. El primer amistoso se saldó con un 2-0 a favor, y algunas sensaciones favorables. El gol de Cuadrado tras una gran serie de toques fue un presagio. Sin embargo, haría falta tiempo para ver lo que quería Pékerman, y lo que ansiaba todo el país.

El debut oficial de la selección Colombia se produjo en una doble jornada de Eliminatorias. Los cafeteros debían visitar Lima y Quito. Para el envite contra Perú, Pékerman alineó a Ospina bajo palos; Yepes y Aquivaldo como pareja de centrales; Perea y Armero en los laterales. En la siguiente línea, Cuadrado ocupó la derecha, James la izquierda, y el círculo central fue para Guarín y Carlos Sánchez. La delantera fue para Dorlan Pabón y Radamel Falcao. Unas pésimas sensaciones apaciguadas por el único gol del encuentro, marcado por James Rodríguez, no invitaban al optimismo. La situación empeoró cuando contra Ecuador, Colombia salió en una suerte de 4-5-1 con Dorlan en la derecha, James en la izquierda, y Guarín, Elkin Soto y Carlos Sánchez en el centro de campo, además de que Perea repitió como lateral diestro. Ese día Colombia jugó pésimo, las críticas llovieron de todas partes, y se tildó al técnico de mezquino, defensivo, y otros adjetivos apresurados. A todo, Pékerman respondió pidiendo calma, tiempo, y respeto.

Desde el inicio, Pekerman estableció cambios profundos en la selección, pero su comienzo fue agridulce.

Los primeros partidos del proceso no resultan para nada estimulantes. La identidad futbolística del colombiano, lo que le gusta al cafetero, es lo que hacían los próceres de esto por allá en los 80’s y 90’s, con Valderrama como bandera. Estos encuentros iniciales fueron todo lo contrario. Además, la cuestión radica en que el plan elegido no funcionó. En ese momento Pékerman tomó la decisión de pegar el primer volantazo. Venían meses sin fútbol de selecciones, y el argentino planeó la partida hacia una aventura maravillosa.

Colombia afrontó la siguiente doble jornada (7 y 8) con siete puntos de quince posibles y un mar de dudas respecto al juego y el futuro. Debutaba Pékerman en Barranquilla recibiendo a la selección campeona de América, puntera de la eliminatoria: Uruguay. José Néstor se expresó desde la alineación, la cual se filtró un día antes del encuentro. Resultaba increíble. Zúñiga volvía a la titularidad con Armero en la banda contraria. Abel Aguilar y Edwin Valencia conformarían el doble 5. Macnelly Torres salía del ostracismo disparado hacia la titular. James Rodríguez lo acompañaría libre en la mediapunta. Arriba, Falcao, y moviéndose para él y para todos, Teófilo Gutiérrez. El Metropolitano fue una hirviente máquina del tiempo con capacidad para 50.000 personas. Retornó la torre, y con ella, el fútbol, la fiesta y las sonrisas.

La explosión estaba por confirmarse en Chile. En el entretiempo el partido estaba 1-0. Mati Fernández abrió el marcador con un golazo. Gary Medel había sido expulsado, y Pékerman se la jugó. Entró a la cancha el otro gran protagonista del relato: Juan Guillermo Cuadrado. El de Necoclí no vio minutos contra los charrúas, pero los segundos 45 minutos en Santiago serían suyos. Salió Yepes, entró el 4, y lo demás es historia. Resulta que los chilenos aún lo buscan. Fue imparable. Lo único que vieron fue unos dreads menearse de lado a lado por toda la banda derecha. El encuentro terminó 1-3, con tantos de James, Falcao y Teófilo. Sin embargo, el que inclinó el campo hacia la portería local fue Cuadrado.

A partir de este punto, ir a Barranquilla a ver a la selección se volvió sinónimo de ir a disfrutar. Paraguay, Bolivia y Perú se marcharon vapuleadas del Metropolitano. Ecuador opuso algo más de resistencia, pero los cafeteros se quedaron con los tres puntos, y la penúltima fecha contra Chile está en la memoria de todos. Luego del gol de Rincón en Italia, debe ser el empate más celebrado en la historia del país. Salir de casa representa un grado añadido de dificultad en las eliminatorias sudamericanas. Los cuatro partidos por fuera del país se saldaron con dos derrotas (Venezuela y Uruguay), un empate (Argentina), y sólo una victoria (Paraguay en el último día).

Con el retorno del 4-4-2 torre, Colombia dejó sensaciones inmejorables, muchos goles y mucha ilusión.

Colombia recuperó su identidad, su juego, se clasificó segunda en su zona para el Mundial, y sería cabeza de grupo en Brasil. Se antojaba como el gran outsider del continente, con grandes figuras y un juego atractivo. Entonces pasó que seis meses antes del inicio del torneo, Radamel Falcao, la estrella, se rompió el ligamento cruzado de la rodilla su pierna mala y se perdería el certamen. Ahí Pékerman decide tomar otra senda. El cambio sería al menos insospechado hasta el debut en Belo Horizonte.

El entrenador modificó el plan. Le entregó el peso ofensivo a su 10 y a su 11, y acomodó a su capitán cerca de su portero, donde se le notarían menos los defectos a sus 38 años. Siguiendo esa hoja de ruta, y amparados en una convicción verdaderamente excepcional, los cafeteros terminaron en el quinto puesto, con doce goles a favor, tres en contra, el máximo artillero entre sus filas, el máximo asistidor, y empujando al anfitrión contra las cuerdas en Fortaleza. Cada ciudad en la que jugó Colombia durante la Copa vio a James Rodríguez golear, y al equipo entero bailar.

La lesión de Falcao cambió a la Colombia de las eliminatorias y erigió a James como estandarte.

El resultado de estos dos años de trabajo es un grupo admirable, que se conoce, que sabe que unos ídolos se van, que otros jóvenes buenísimos llegan, y que mientras se mantenga la armonía y se camine por donde diga Pékerman, convertido ya en héroe nacional, los éxitos van a seguir llegando. Vienen cuatro años para sonreír y seguir aprendiendo. Que duren.

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