Es la tierra que Marcelo Bielsa hizo suya. Y también Jorge Sampaoli. Es la tierra de los hijos del vértigo que van como rayos, alcanzando y siendo inalcanzables. En Chile, donde la pelota cobra velocidad de electrón, el Atlético Nacional de Jorge Almirón hizo su debut en Copa Libertadores y, en un partido más sufrido que jugado, se llevó un botín de esos que se llevan los que mejor la conocen.

Por calidad individual y por las exigencias del sistema, Bocanegra no encajó en el partido

El esquema de tres centrales que introdujo Jorge Almirón en su visita a Colo-Colo se antojaba un antídoto necesario ante la presión austral: Braghieri, Henríquez y Aguilar harían superioridad numérica ante la pareja de delanteros chilena, y entonces Nacional hallaría salida. Por su naturaleza, la defensa de tres no requiere que el mediocentro se incruste en la zaga a la manera lavolpiana para ejercer esa superioridad, sino que ofrezca líneas de pase a espalda de la presión rival. Pero esto no estuvo al alcance de Daniel Bocanegra.

En el Monumental de Santiago, Bocanegra dejó de manifiesto que sufre, y mucho, cuando no puede jugar de cara al arco contrario. El tolimense carece de ritmo y lectura para librarse de marcas, se viene a menos sin espacios, por lo que sus pases atrás fueron más una renuncia al balón. Vladimir Hernández y Macnelly Torres debieron acudir en auxilio, y con esto Nacional perdió a sus dos activos entre líneas.

Nacional encontró en Campuzano las soluciones que buscaba

Así las cosas, el ataque verdolaga se redujo al pase a las bandas sin posibilidad de desahogo por dentro —la falta de apoyos de Andrés Rentería como agravante—, a lo que Colo-Colo supo responder y encadenar una serie de robos muy peligrosos para los de Almirón. Nacional se vio obligado a defender más de lo deseado y apelar al oficio defensivo de Hernández y Torres, que por supuesto no era la mejor señal. Si llegó con vida al entretiempo fue porque los locales no supieron dar con la precisión necesaria para su juego frenético. Y para Almirón aquello fue suficiente.

Primero ajustó su fase defensiva introduciendo un doble pivote con Gonzalo Castellani. Pero fue con la entrada de Jorman Campuzano que Nacional pasó de sufrir a jugar. El ex Pereira se apoderó de la sala de máquinas, ofreció toda la agresividad que su equipo echaba en falta en su posición y puso a jugar a Vladimir y Macnelly 20 metros más adelante. Su ingreso coincidió con los únicos 3 remates a portería de Nacional en el partido. Si la posición de mediocentro verdolaga buscaba un buen postor, la noche de Copa Libertadores en Santiago de Chile dejó una candidatura en firme.

Fotos: CLAUDIO REYES/AFP/Getty Images

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *