El partido ideal para Millonarios es aquel en que ocurre poco. Conscientes de sus virtudes y limitaciones, los embajadores han forjado un sistema ganador a base de no conceder nada —defendiendo como haya que defender— y desde ahí trabajar situaciones de gol que no llegan a raudales, pero que terminan llegando por insistencia colectiva y comprensión de los momentos.

En este sentido, el de anoche en Palmaseca estuvo lejos de ser su partido ideal. El Deportivo Cali de Gerardo Pelusso, del medio hacia atrás, es todavía un equipo común y silvestre; pero del medio hacia delante es dinamita pura. Cuando la pelota llega a los de arriba, muy a pesar de Millonarios, ocurre todo.

Los 20 minutos iniciales tuvieron la firma de Pelusso

Ha tardado en dar cuenta de la mano de su entrenador, pero el Deportivo Cali ya deja luces sobre una de las maneras esenciales de Pelusso: se ha hecho paciente. Su prioridad no es robar el balón de buenas a primeras sino guardar la posición, gestionar espacios y relegar el meter la pierna al último de los recursos. Un cambio de chip que parece venirle bien a más de uno, Kevin Balanta entre ellos, pues, a falta de recuperadores brillantes, su juego físico luce mejor al servicio de cubrir más huecos.

Mientras el Cali exhibió todo lo anterior ofreció sus mejores minutos, que fueron los primeros 20 y coincidieron con Santiago Montoya Muñoz en cancha y Millonarios con sus 11 hombres. Montoya, en efecto, dio fe de la cohesión entre las líneas azucareras, aunque no le ayudó en lo absoluto su falta de pases de desahogo. Su partida, junto a la ausencia de Roberto Ovelar, sumió al conjunto embajador en una falta de creatividad que dice mucho de la dependencia que ha generado el paraguayo desde tan pronto.

Hubo química absoluta entre Benedetti y Sand

Así, el Deportivo Cali tuvo todo para castigar las malas pérdidas de balón de Millonarios y, aunque le costó, fue efectivo. Le costó porque todavía carece de automatismos precisos para dar con el escenario ofensivo ideal, que es encontrar a Nicolás Benedetti cerca del área rival, cosa que lo forzó a retroceder mucho para tocar la pelota y armar ataques.

No por esto la delantera verdiblanca dejó de ser dinamita. Benedetti pudo pisar el área pocas veces, pero suficientes; y lo hizo porque su centrodelantero le dio tiempo para ello. José Sand es sabiduría, es pausa y es muy difícil quitarle el balón. Nicolás Benedetti es sorpresa y decisión en sus llegadas. Y el Deportivo Cali es una fortaleza en construcción, pero dinamita asegurada.

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