Independiente Santa Fe clasificó a la fase de grupos de la Copa Libertadores superando una llave particularmente asequible. Santiago Wanderers concedió ventajas extrañas tanto para la Libertadores como para la Liga Águila. El conjunto de segunda división chilena carece de los estándares mínimos de intensidad y oficio defensivo para competir a nivel internacional. Para colmo, no mostró siquiera intención de incomodar las virtudes cardenales vistas en el partido de ida.

El conjunto chileno apenas compitió en 180 minutos

Así, el juego se libró en una sola dirección, la del arco de Santiago Wanderers, y con una sola marcha: la que quiso Santa Fe. El expreso rojo no fue puesto a prueba en defensa casi de manera literal, por lo que siempre se halló en condiciones de transitar libremente. Y como Wanderers dio una lección de lo que es una distribución espacial errada, los cardenales no requirieron inspiración ni acciones técnicas fuera de su alcance para desordenar a un equipo ya desordenado.

Entonces el obstáculo de Santa Fe parecía ser el mismo Santa Fe, cuyas decisiones e imprecisiones en el último pase dilataron más de la cuenta su encuentro con el gol. John Pajoy no estuvo agudo en sus movimientos y Anderson Plata, pese a tener por delante una casi inexistente banda izquierda chilena, caía en fuera de lugar una y otra vez.

Los mejores contraataques nacieron de los lanzamientos de Baldomero Perlaza, nuevamente sacando provecho del contexto híper favorable. Pero si el discreto partido de Santa Fe resultó en goleada fue obra y gracia de Wilson Morelo, que está mostrando una eficacia para enmarcar. El cordobés se halla en su versión más ambiciosa, trazando diagonales incansables, siendo más agresivo e insistente que nunca y tirando del carro de una forma conmovedora. Su lucha es la de reactivar anímicamente a Santa Fe ahora, cuando más lo necesita.

Foto: RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images

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