Millonarios y Atlético Nacional se han medido ya tres veces en lo que va del año, y es el conjunto albiazul el que ha sacado mayor provecho de ello. Con el regreso de Miguel Ángel Russo al banquillo embajador (la mejor noticia del encuentro), Millonarios propuso un partido atípico, arriesgado pero acorde a lo que Nacional ha demostrado ser y no ser. Y sin tener una noche brillante, volvió a verse mejor que el equipo de Almirón.

Los de Russo permitieron juego interior con tal de taponar las bandas

Millonarios renunció a su empaque en defensa (aquí lo atípico) con tal de enfocarse al detalle y competir mejor. Dicho esto, el embajador fue bastante permisivo en su carril central, permitiendo conducciones y giros —siempre y cuando no fueran de Macnelly Torres— para dedicar sus esfuerzos a vigilar las bandas, desde donde Nacional trabajó el partido de vuelta de la Súper Liga. De ahí la titularidad de Christian Huérfano en lugar de Santiago Montoya. El resultado fue rentable porque esos jugadores capaces de cambiar el cauce del encuentro, Andrés Rentería y Jeison Lucumí, poco pudieron hacer para desequilibrar el juego.

Esto, además del acierto de Millonarios, dijo mucho de la calidad colectiva verdolaga hoy por hoy. Nacional se pasó el balón sin desordenar al rival y su circulación no dio a sus atacantes el ritmo y las ventajas suficientes para transmitir peligro, al menos mientras el partido fue de 11 contra 11. Con la expulsión de John Duque, y Millonarios replegado ya no por conveniencia sino por obligación, el verdolaga se vino encima y, por pura calidad individual, estuvo más cerca de la victoria. Porque, pese a su fútbol espeso, los Henríquez, Macnelly y Dayro no dejan de ser fichas para ganar partidos.

Fariñez dominó los duelos y evitó el nocaut

Si la debacle no se consumó fue por la imponente noche de Wuilker Fariñez. El portero venezolano respondió de la mejor manera ante el asedio y confirmó algo de esos rumores lejanos que lo dan como una promesa especial. Fariñez no es alto y no destaca por sus estiradas. Su encanto está en esa velocidad relámpago con que achica y se ahorra atajadas. El arco de Millonarios pareció pequeño por él.

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