Lautaro Acosta, ex dirigido de Jorge Almirón, define al entrenador argentino por su “infinidad de variantes para salir jugando”. Una virtud que no le viene nada mal a Atlético Nacional ahora que, con Helibelton Palacios en lugar de Daniel Bocanegra, ha de hallar precisamente eso: variantes para salir jugando. La noticia es que Almirón dejó entrever algo de eso en el partido de vuelta de la Súper Liga 2018 e hizo penar a Millonarios durante ciertos tramos del encuentro.

No fueron muchos, hay que decirlo. El flamante campeón del fútbol colombiano fue superior en los 180 minutos porque el suyo es un proyecto maduro y las suyas son ideas apremiantes: ritmo alto, solidez y criterio. En el Atanasio Girardot, Millonarios hizo gala de su rodaje y, para colmo, contó con una noche de ensueño de su nueva joya, Roberto Ovelar.

Nacional dio con una salida de balón fluida y acorde a su materia prima

La diferencia entre Helibelton Palacios y Daniel Bocanegra no tiene matices: el uno es físico y destaca por su profundidad, mientras que el otro es técnico y disfruta asociándose. En la práctica, la titularidad de Palacios obliga a Nacional a prescindir de su lateral derecho en sus primeros pases, así como invita a hallar la manera de encontrarlo muy arriba para sacar rédito de su presencia en la cancha. Tal cual lo entendió Almirón, diseñando una salida de balón que, precisamente, reclamaba a Palacios muy abierto y siempre en campo contrario.

Con tantos hombres fijando en las bandas (Gonzalo Castellani y Andrés Rentería también abrían muchísimo su posición), la intención de Nacional no era otra que obligar a Millonarios a abrirse también. Un contexto nada apetecible para los embajadores siendo Ayron del Valle y Santiago Montoya los extremos llamados a ayudar en defensa. Más allá de esto, la amplitud de Nacional favoreció la libertad por dentro de Vladimir Hernández y Jeison Lucumí. Y aquí la palabra libertad no es fortuita. A partir de posiciones híbridas y en constante redefinición, Jorge Almirón anunció un punto de quiebre respecto al proyecto de Juan Manuel Lillo, su antecesor.

Porque Hernández fue libre de recibir en banda o en el medio, así como Lucumí fue libre de conducir a placer, cosa que no solía permitirse en el equipo de Lillo. Sea como fuere, sus acciones resultaban girando a Millonarios en defensa dado que Nacional circulaba bien el balón, lo perdía bien y presionaba bien. Y todo esto tenía lugar en la zona de Juan Guillermo Domínguez, quien no tardó en convertirse en la flaqueza albiazul. El vallecaucano careció de la intensidad defensiva a la que fue obligado y no halló salida ante el ahogo verdolaga. Si bien el de ayer fue un escenario de exigencia típico de Copa Libertadores, la conclusión es que a Millonarios le costará montones evolucionar mientras Domínguez sea su mediocentro.

Millonarios atendió al llamado de Macalister Silva y se hizo con la pelota

El suplicio embajador tuvo fin una vez David Macalister Silva dijo basta, pidió el balón y cambió el discurso. Criterio. No sólo por parte del cerebro bogotano, pero también de su equipo capaz de cambiar el chip junto con él. Notable John Duque en este apartado, quien nos viene acostumbrando a sus buenas maneras por delante del balón, jugando a un toque y vistiéndose de continuador.

Pero fue en Roberto Ovelar que Millonarios encontró la carta ganadora. A su calidad habitual ofreciendo soluciones en el último cuarto de cancha, el paraguayo añadió nada menos que la sensibilidad de antaño con dos dianas extasiantes. El equipo de Russo lleva buen tiempo requiriendo de su centrodelantero una función a su medida y esto para Ovelar es el mejor mimo de bienvenida. Por eso ayer fue como pez en el agua. Como búfalo en estampida.

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