Golpes, golpes y golpes es lo que transmitió, y aparentemente buscó, el Millonarios de Russo en los 180 minutos frente América por las semifinales de la Liga Águila. En un momento que parecía que el cuadro albiazul había perdido del todo la determinación y agresividad que ejerció en su momento con los extremos y Duvier Riascos, a excepción a grado sumo de Ayron Del Valle, punto de apoyo de los contraataques y, especialmente, referente en ataque, aparecieron Duque fijando entre líneas para abrir espacios, Mosquera con la explosividad e inspiración de hace unos meses y Riascos-Del Valle complementados en los desmarques. Así, América nunca tuvo chance en la eliminatoria. Al menos en el juego, porque en el resultado siempre estuvo de pie gracias a Carlos Bejerano.

Russo dispuso de bandas con desborde y carril central dinámico

Con la posesión repartida en un 50-50 y el guion muy definido al de la ida, Millonarios fue fiel a su libreto del segundo semestre, que consiste en una mezcla de ritmos y alturas en pos de las capacidades rivales. Dicho lo cual, trabajó el partido según las necesidades de América y el momento del encuentro, pues presionó, replegó o se encomendó a una medular expectante, donde el equipo del Polilla da Silva jamás encontró la ruta de escape en salida de balón o el pase entendido como de riesgo pero de enorme productividad, el que bate línea, en ataque posicional. Todo lo contrario. Por la calidad de la pérdida y el estado físico y la condición de centrocampistas combativos tanto de Vásquez como de Mosquera, Millonarios contragolpeó a placer cada vez que pudo.

Amén de un imperial Elkin Blanco, quien vive su mejor época en cuanto a lectura defensiva se refiere, contribuyó cerrando espacios y desviando las transiciones embajadoras hacia los costados. No por él sino a pesar de él el conteo de ocasiones de gol albiazules acabó en siete. Un ejercicio a la altura del de Bejarano –explicación única del 0-0–.

Polilla intentó ampliar el abanico de posibilidades en ataque, pero América se limitó al balón parado y al insignificante “pelotazo”

Lo cierto es que el partido, como análisis, no ofreció de más por las limitaciones ofensivas manifiestas de América de Cali. En clave Millonarios sirvió para recuperar esa intención de agredir por las bandas que lo caracterizó con Andrés Manga Escobar y Maximiliano Núñez en su día. Porque además de lo citado y los citados, el papel como revulsivo del inspiradísimo Christian Huérfano no puede pasar por desapercibido. Necesitado para remontar o alargar el marcador, el joven extremo ha enseñado una gama de recursos (regate en corto, movimientos sin balón o golpeo de pelota, por ejemplo) bien interesante que Miguel Ángel Russo parece tener claro cómo llevar a corto de plazo. Millonarios ya espera por la estrella 15.

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