Anoche, en el Estadio El Campín de Bogotá, la Liga Águila fue testigo de un nuevo paso de Independiente Santa Fe a la gran final. Sin la solidez de sus mejores días y un tanto ajeno a la seguridad sobre la que ha cimentado su ciclo ganador, pero no por ello Santa Fe fue menos Santa Fe. Porque el expreso rojo, antes de ganar, era puro sufrir. Y el sufrimiento ha vuelto.

Hoy los cardenales penden de sus individualidades tal vez más de lo deseado. En situación de remontada, los de Gregorio Pérez no mostraban una dinámica colectiva que insinuara peligro real al arco pijao y jugaban al destello. Pero el destello llegó. En definitiva, Santa Fe y las finales se gustan.

La calidad de Montoya Muñoz se impuso durante gran parte del encuentro

Atacando más o menos como lo ha hecho a lo largo de la temporada, donde destaca el despliegue de Baldomero Perlaza y Juan Daniel Roa incorporándose al frente de ataque, Santa Fe marcó la pauta del partido. El Deportes Tolima debió retroceder mucho para contener la invasión masiva de su área, cosa que ampliaba automáticamente sus desplazamientos a la hora de atacar. Pero los de Alberto Gamero no corrieron tal riesgo, dosificaron el desgaste y comprendieron sus posibilidades. Ahí estuvo su clave.

En efecto, Tolima basó su ofensiva en la pausa y el criterio. Es decir, su ataque estuvo en las botas de Santiago Montoya Muñoz. Ya en el partido de ida había vulnerado el mediocampo cardenal, y esta vez Alberto Gamero no hizo más que profundizar en la herida con su titularidad. Su inteligencia recibiendo y repartiendo juego, propia del enganche clásico colombiano, inclinó a su favor su duelo con Yeison Gordillo. Aunque no estamos ante la mejor versión de este último, aquello no deja de ser palabras mayores.

A Santa Fe le costó montones desbordar

De esta manera, a Santa Fe le costó hacerse con el balón y atacar sistemáticamente. En las veces que pudo hacerlo se le vio impreciso, pues ni Anderson Plata fue socio para el decidido Víctor Giraldo por derecha ni Wilson Morelo ofreció el ritmo que pedían Baldomero Perlaza y Juan Daniel Roa por dentro.

Éste último, en una acción de otro partido, dio fin al calvario procurándose una jugada que su colectivo le negaba. Un milagro. Milagro es recibir justicia por lo sufrido. Por la Santa Fe. Si el fútbol fuera justo, las finales siempre habrían de pertenecerles. Anoche reclamaron otra por puro derecho propio.

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