Anoche el Pascual Guerrero alojó la semifinal de la Liga Águila y Miguel Ángel Russo la afrontó como tal. El entrenador argentino supo que, a la hora de pasar al ataque, el América no apela a otro recurso que buscar con lanzamientos a Cristian Martínez Borja. Así las cosas, Russo envió a uno de sus hombres más altos, el central Matías de los Santos, ahí donde Martínez Borja suele iniciar las transiciones ofensivas: el mediocampo.

Como resultado, América se vio obligado a buscar otras maneras de llevar la iniciativa en el partido de ida. Pero ni su calidad ni sus ideas supieron desajustar a un Millonarios implicado de lleno en defensa y agudo en la comprensión de los momentos del partido. El dominio, como ha sido constante en lo que va de playoffs, fue albiazul, y el embajador ofreció un partido completísimo.

El criterio de Mosquera y Silva fue la medida de su inspiración

Porque no hubo una fase del juego para la que Millonarios no tuviera respuesta. Ni más ni menos. Instalados en campo contrario, donde llegan cómodamente por su salida de balón versátil, su ataque goza de fluidez y buenas decisiones. Santiago Mosquera y el pletórico David Macalister Silva han dejado atrás el cliché de pasarse el balón por pasarlo, por no perderlo, y hoy lo hacen con la secreta intención de herir por la banda contraria —la de Christian Huérfano— en el momento justo.

Pero la contundencia en ataque de ayer se explica desde la actuación de Ayron del Valle, que jugó como Millonarios necesitaba que jugase su centrodelantero a lo largo del semestre. La movilidad del magangueño ofreciendo apoyos y cayendo a banda era justo lo que piden sus mediapuntas para profundizar o pisar zona de remate.

A título personal, su logro de ayer fue aún mayor. Del Valle, que explotó en Alianza Petrolera siendo una culebrita en ataque, no había podido reencontrarse con aquella versión sin abandonar el perfil de ariete que forjó para asegurar con goles su estadía en un equipo grande. No lo había logrado hasta ayer. Y por él Millonarios se gustó también contraatacando.

Millonarios buscó el gol y defendió la ventaja con argumentos

Por lo demás, Miguel Ángel Russo ha sabido dotar a sus futbolistas de una comprensión y un comportamiento global. Esos mismos que atacaban con desenfado se implicaban en los quehaceres defensivos.  Les ayudaba que perdían el balón lejos de su portería, claro, pero su puntualidad decidiendo entre presionar o replegar retrató a un América que, a pesar de haberse liberado del peso del descenso, sigue sin disimular la espesura de su fútbol. Los de Russo los obligaron a mover el balón muy, pero muy bien y los escarlatas, salvo Carlos Lizarazo y amén del neutralizado Martínez Borja, no dieron con la tecla.

Así, comprendiendo cada momento del juego e imponiéndose en todos, el embajador penetró en la mente del local al punto de embrujar sus piernas. El dominio fue indiscutible y Millonarios presentó su más firme candidatura desde su último título. Si la condición necesaria para el ballet es la inspiración, éstos están inspiradísimos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *