Precipitado por el reto y acongojado por el cronómetro, Atlético Junior no pudo obrar anoche la tan anhelada remontada internacional. Luego de vivir, pese a la derrota, unos grandes 90 minutos en la ida, donde mezcló intención con carácter, ayer el conjunto de Julio Comesaña, tanto desde la forma como desde el fondo, no estuvo un ápice de cerca de copiar lo hecho en Brasil. De hecho, lo único que sí se repitió fue la absoluta exhibición de Gustavo Cuéllar, que sigue coleccionando grandes partidos en 2017 como mediocentro único.

De inicio, la decisión de Comesaña de prescindir de Pico por Narváez tuvo su efecto negativo a título táctico. En plan remontada y de ahogar a su rival, Junior perdió con el boyacense esa presión tras pérdida, tan efectiva como instantánea para los intereses rojiblancos, sobre todo si se buscaba dominar como suele ocurrir en Barranquilla. Así, sin continuidad entre las dos fases, pues con la línea defensiva sobre la divisoria el espacio a su espalda era gigante, Flamengo pudo proyectar contraataques más de una docena de veces, con Cuéllar lanzando, Everton y Paquetá acelerando, Diego conectando y Vizeu matando.

Gustavo Cuéllar disfrutó e hizo disfrutar a la que fue su antigua parroquia

Para la parte complementaria el partido, en contra de Junior, se abrió todavía más. Como ocurriese en la ida, la salida de Matías Mier, intermitente y lento en la construcción pero único argumento en la media distancia al fin y al cabo, borró la marca personal sobre Cuéllar, dándole aún mayor libertad para el pase limpio y de salida. Y con un Junior descubierto más de la cuenta para el momento del choque, pues quedaba casi todo un tiempo por delante y sólo necesitaba un gol para pasar la eliminatoria, cayó el 0-1 de Flamengo y la posterior dinámica llena de nerviosismo.

En ese sentido, ni Víctor Cantillo aportando el control sobre su alrededor que tanto lo caracteriza, ni el ‘Cha-Teo’ apareciendo en el instante donde las papas queman y ni la determinación de Yony González que viene contrastando su curso salvaron las papeletas. A esa suma de factores individuales se adicionó la desacertada dirección de campo de Julio Comesaña, irreconocible como pocos días en lo que va del semestre. Asimismo, un Roberto Ovelar lejos de aquel delantero participativo en el juego y asociativo en la jugada, limitando las posibilidades ofensivas rojiblancas en el último cuarto y facilitando las tareas en la defensa del área a la pareja Rhodolfo–Juan.

Al final, competir en Copa Sudamericana –al igual que en Libertadores– exige ideas claras, fluidez en la ejecución y su propio raciocinio. Y anoche el Flamengo de Reinaldo Rueda lo fue todo, con El Vikingo como bandera de las mejores rachas de juego de su equipo, tanto en ataque como, especialmente, en defensa.

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