David Murillo se ganó un lugar especial en este Junior a partir de una virtud en particular: su profundidad. Julio Comesaña no tardó en advertir que a Yimmi Chará le viene mejor la banda, pero si quería seguir anotando desde ahí iba a necesitar una distracción para que el lateral rival no persiguiera sus escapadas al área. Y ahí entró Murillo.

Pero ayer, en uno de esos disparates del calendario colombiano que obligan a rotar a un equipo que aspira al título, el lateral derecho fue para Marlon Piedrahíta. El medellinense tiene ya 32 años y su cuerpo, por supuesto, no le permite emparejarse con el lateral rival tantas veces. Pero ayer, sin Yimmi Chará por delante y mucha libertad para sí, Piedrahíta la descoció.

Entonces nos asaltó la nostalgia. ¿Qué sería de Marlon Piedrahíta si hubiera madurado y explotado 5 años antes? Seguramente también se pasearía por la cancha del Metropolitano, pero con la Selección. Porque su fútbol tiene tan buenas maneras, tan aguda comprensión, que se ha echado en falta para una posición sumida en una crisis que no terminamos de superar. Queda la espina por su detonación a destiempo, pero el deleite por su exhibición de ayer; en unos cuartos de final de playoffs que dominó de cabo a rabo.

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