Jaime De la Pava, técnico del Atlético Bucaramanga, ha manifestado en no pocas ocasiones, casi a modo de día de la marmota en cada conferencia de prensa, la falta de concentración de su equipo para cerrar los partidos. Y aunque éste sea uno de los males endémicos más resaltables del conjunto leopardo, lo cierto es que, hasta cuando juntó a Yulián Anchico, Gabriel Gómez y Bryan Rovira en el medio y ganó consistencia y coherencia en su plan, ha vivido un proceso extenso de indefinición con el entrenador caleño. Como sin saber qué dirección tomar. Y anoche, en el primer match ball en el que podría acercarse al objetivo de la permanencia, el Bucaramanga volvió a fallar por lo señalado y por mucho más.

Como si ya no tuviera que ver con un tema de jugadores o de propuesta, al Atlético Bucaramanga le quema mucho el balón, tanto a nivel técnico como organizativo. No esconde que no puede darle fluidez, alturas, auxilios y conceptos mínimos para hacer progresar el juego. No hay que omitir, eso sí, que ayer, desde lo visual, y tras el revés del 0-1 de Agustín Vuletich, el leopardo supo reaccionar con cabeza fría y fútbol, pero muy lejos de lo observado el año pasado con Flabio Torres, cuando hacía de la circulación un arma de riesgo y, a su vez, de seguridad. Asimismo, sin pelota pretende pasar el máximo tiempo posible en la zona en la que menos competitivo es (su área), donde refleja la poca protección que hay hacia sus centrales, el bajo rendimiento de los mismos y los problemas de James Aguirre para dominar el área chica.

En los últimos meses, Pérez se ha elevado sobre el resto por frecuencia y determinación

Antes de atender a su única constante, cabe decir que el Bucaramanga no viene produciendo un volumen ofensivo que necesite de un poco de suerte, por lo que las pocas ocasiones de gol no suelen arrastrar por delante ideas futbolísticas que broten y sí llevan el nombre propio de Jhon Pérez. Sin un socio cercano y las piernas de la mayoría agarrotadas, el ‘10’ ha demostrado ser capaz de cargar con la responsabilidad futbolística auriverde. Irregular en sus toques y para interpretar el juego, pero muy presente desde la participación y la pegada, el santandereano se ha vestido como armador del ataque, si se quiere fundamental apoyo para crear opciones de pase para los centrocampistas de primera línea, para aglutinar balón y para amenazar cuando recibe el esférico de cara. Ahí, en las proximidades del área rival, donde no se le exige pensar sino finalizar, Pérez se hace como argumento creíble para lograr la salvación. Es a lo único que le queda por agarrarse De la Pava.

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