La Equidad, bajo el mandato de Luis Fernando Suárez, logró lo que nadie había conseguido como entrenador asegurador desde Alexis García: clasificar a las finales del fútbol colombiano. Es cierto que los equipos tanto de Santiago Escobar como de Arturo Boyacá causaron, a nivel de juego, un impacto claro y potente en Primera División, pero sus respectivos periplos habían compartido el mismo triste desenlace: ninguna clasificación a los playoffs. No obstante, con Suárez, esta Equidad ha sido mucho menos vistosa y dominadora a través de la circulación de la pelota, pero sí muchísimo más productiva con laterales y extremos que con Stalin Motta como centro neurálgico, más dictadora del ritmo que de la posesión y, por si fuera poco, más efectiva de cara a gol con Carmelo Valencia que con Andy Pando, Wason Rentería, Carlos Peralta o Diego Álvarez.

La Equidad 2017-II ha sabido mezclar ciertos registros

Porque La Equidad del mundialista Suárez, aparte de decantarse por un estilo más proactivo o reactivo según los momentos de un partido, tiene algo muy definido: la elección del ritmo de juego y de la altura del balón. Con más o menos calidad individual en cada una de sus líneas, pero es su sello de identidad. Así, La Equidad compagina ser un conjunto protagonista sin asumir riesgos excesivos. En pos de ello, diseña una salida desde atrás que no exige pases imposibles a los centrales en los primeros escalones de la posesión, debido a que son piezas que por lo general suman más desde la comodidad –actitud defensiva– y no desde la dificultad –pases interiores–. Así, las salidas de sus equipos se enfocan y originan por los costados con Walmer Pacheco y Andrés Felipe Correa y no por dentro, donde los toques de Stalin Motta, Fabián Vargas, Brayner De Alba o Mauricio Restrepo cobran una mayor importancia a la hora de acelerar el juego y no de pausarlo u organizarlo.

Por eso mismo, Luis Fernando Suárez a lo largo del semestre ha prescindido de la titularidad de jugadores como Diego Valoyes o Mauricio Cortés, que en el momento de haber iniciado el campeonato parecían realmente valiosos y fundamentales por el talento que atesoran. Sin embargo, al ser futbolistas necesitados de un protagonismo constante, de tendencia a verticalizar y de ofrecer sólo destellos, no aseguraban ningún tipo de continuidad colectiva, y Suárez la necesita para ejecutar tanto su plan ofensivo como, sobre todo, su plan defensivo. No por nada las transiciones defensa-ataque de sus equipos son lo suficientemente claras y limpias para ejecutar, pues a fin de cuentas, para el antioqueño, no parece tan importante el cómo o dónde como sí el cuándo.

En cualquier caso, lo que verdaderamente mide a los proyectos de fútbol, y en especial a los campeones, está por venir. Porque de jugar (y muy bien) La Equidad va sobrado. El hecho de haber mantenido una base por varias campañas la dota de una personalidad, una confianza y un trabajo anterior que no se olvida ni se desecha, sino que se aprovecha. Y Luis Fernando Suárez ha dado con lo justo. A base de no perder la identidad con el balón en los pies y de no abandonar en absoluto la elaboración de ataques, pero añadiendo más fases de espera y otras de contragolpe, se explica esta tercera Equidad. En unas cuantas semanas conoceremos de qué pasta está elaborado el cuadro asegurador.

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