El aterrizaje de Luis Fernando Suárez en la capital del país para el segundo semestre de 2017 se antoja la consolidación de ese proyecto llamado La Equidad Fútbol Club. Un proyecto austero, consciente de sus posibilidades, fiel a los tiempos de los procesos y protagonista de no pocas tardes de épica. El resultado de un modelo que tuvo inicio con Santiago Escobar tres años atrás, radicalizado más tarde por Arturo Boyacá y ahora consolidado por Luis Fernando Suárez.

Y es que, pese a no gozar de dadivosas arcas ni disponer de una cantera próspera ni mucho menos, La Equidad ha hallado la manera de garantizarse un lugar en Primera y, por qué no, soñar con participaciones internacionales: una idea de juego reconocible, moderna y abrigada.

La Equidad es, ante todo, un estilo

Un modelo de juego que tuvo origen el mismo día en que Stalin Motta, el líder asegurador, dio cuenta de que los años no vienen solos. Motivado por la urgencia de cobijar a su estrella, Santiago Escobar implementó el aun vigente 4-3-3 con ciertos principios irrenunciables como la ocupación de espacios, la formación de triángulos y el propósito de perder el balón en las mejores condiciones para no exponer a su capitán, ciertamente mermado por el paso del tiempo.

Desde entonces, y hasta nuestros días, La Equidad se reconoce y se gusta. Por su triángulo medular han pasado los Sebastián Villota, Jean Carlos Blanco, Juan Alejandro Mahecha, Óscar Barreto y Fabián Vargas, pero el triángulo no pierde su esencia: movilidad, criterio y armonía. Un ala delta que seguramente tendrá mucho que envidiarle en calidad a los grandes de la Liga, pero que se basta con reconocerse como el ecosistema ideal para su estrella. Porque pueda que Stalin Motta esté en el ocaso de su carrera pero, cuando su equipo lo cobija debidamente, muestra un talante de crack.

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